Como te has podido dar cuenta, la comunidad
asuncionista trabaja por la extención del Reino en tierras
mexicanas.
Somos pocos, pero sabemos que Dios está
con nosotros y hará lo posible por llamar a jóvenes
inquietos por compartir su existencia en comunidad apostólica
al servicio de la Iglesia.
Por eso queremos invitarte a que te
arriesgues con nosotros a vivir el proyecto de la Asunción.
Necesitamos de ti para hacer realidad
el proyecto de la Asunción en tierras mexicanas.
Ya estamos trabajando dedicando nuestros
esfuerzos a la tarea de la evangelización en México
desde distintas áreas: pastoral juvenil, misiones, dirección
espiritual, enseñanza, formación humana, acompañamiento
psicológico, formaqción laical, trabajo parroquial
ordinario, etc.
Estamos abiertos a las necesidades de
la Iglesia en México, así que adaptaremos nuestro
apostolado dependiendo de las circunstancias a las que nos enfrentemos.
El espíritu de nuestro fundador
nos invita a hacernos presentes ahí donde Dios está
amenazado en el hombre y el hombre amenazado como imagen de
Dios, por eso escogemos trabajar en los lugares donde la presencia
de Dios se ve cuestionada por la realidad social y las injusticias
humanas.
Queremos que te unas a nuestra familia
trabajando por la venida de un mundo más justo y fraterno,
viviendo en comunidad apostólica y anunciando a Jesucristo
a través de la promoción de todo hombre en la
justicia, la unidad, la caridad.
Nuestras comunidades quieren compartir
las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias
de los hombres de nuestro tiempo, en especial de los más
pobres y de todos los que tienen hambre y sed de justicia.
Por eso nuestro apostolado está
inserto en comunidades donde compartimos la lucha diaria de
hombre y mujeres que quieren encontra el sentido de su existencia
al servicio de Dios en un mundo como el nuestro.
Nuestra divisa: "Venga tu Reino"
nos impulsa a trabajar por el advenimiento del Reino de Cristo
en nosotros y en el mundo.
Queremos que trabajes con nosotros en
esta misión que Dios le ha confiado a nuestra familia
religiosa.
Como el Padre lo envió, así
Cristo nos envía, con la promesa de su Espíritu,
a servir a nuestros hermanos mediante la proclamación
del Evangelio.
Con la presencia de Dios en nuestra
vida, nada es imposible, es difícil hacerlo, pero vale
la pena el esfuerzo por conseguirlo.