Preparados para comenzar


Monición de entrada


Procesión de entrada


P. Marcel Poirier, a.a.


Bienvenida del Párroco de San Andrés Flavio Bustos Castillo, a.a.


Imposición del hábito religioso de los Agutinos de la Asunción


Homilía


Cuestionario al que va a profesar


Postración y Letanía de los santos


Profesión perpetua


Oración consecratoria


Entrega de insignias: La Cruz con el ATR y La Regla de Vida


Procesión de ofrendas


Recordando a nuestro hermano Magloire Mumbere Katavu, a. a. (DEP)


Consagración


PROFESIÓN DE VOTOS PERPETUOS

Hermano Joseph Mumbere Mahamba, a. a.

14 de marzo de 2010

Parroquia de San Andrés Totoltepec, México, D. F.


Invitación a la Profesión Perpetua


Nos reunimos a las 13:00 hrs. en la Parroquia de San Andrés Totoltepec para iniciar la misa solemne en la que nuestro hermano Joseph pronunció sus votos perpetuos como religioso Agustino de la Asunción.

La misa fue presidida por el P. Marcel Poirier, Superior Provincial de nuestra Provincia de Norteamérica, quén vino a México para visitar las comunidades y recibir los votos de Joseph. Además concelebraron los padres José Miguel Díaz Ayllón, Superior Regional de México y párroco de la Emperatriz de América, Flavio Bustos Castillo, párroco de San Andrés Totoltepec, superior local y formador de la comunidad Casa Leonardo Larocque, Oswaldo García Sánchez, superior local y formador de la comunidad Casa Manuel, Ngoa Ya-Tshihemba, vicario de la parroquia de San Andrés, ecónomo y formador de la comunidad Casa Manuel y Fataki Kakule Mwirawivu, vicario de la parroquia de San Andrés.

La procesión de entrada estuvo acompañada por el equipo de liturgia y los ministros extraordinarios de la comunión de la parroquia de San Andrés Totoltepec, además de acompañar los hermanos religiosos de la comunidad Casa Leonardo Larocque, Roberto Reyes Delgadillo y Jesús Tlecuile Mixteco.

La celebración fue muy alegre, fue monitoreada por la hermana Rosa, Religiosa de la Asunción, animada por los coros de la parroquia San Andrés que prepararon cantos asuncionistas y ensayaron durante varios días la Letanía de los Santos.

A la celebración eucarística asistieron todos los jóvenes en formación de Casa Manuel, los Laicos Asuncionistas de Provoca, del CAIH y de Veracruz, algunos bienhechores y feligreses de la parroquia de la Emperatriz de América, nuestras hermanas las Religiosas de la Asunción comandadas por su Superiora Provincial la madre María Dolores Espinoza Morales, r. a., algunos compañeros del IFTIM de Joseph, los amigos de la comunidad de Movimiento Organizado, a donde Joseph trabajó pastoralmente, de Ejidos de San Pedro Mártir, amigos y vecinos de Casa Manuel; y por supuesto, los agentes de pastoral y feligreses de la parroquia de San Andrés Totoltepec.

El hermano Joseph fue acompañado por un matrimonio de la comunidad de Movimiento Organizado quienes representaron a sus padres que están en la República Democrática del Congo y que seguramente se unieron con sus oraciones a nuestra celebración eucaríatica.

La celebración fue muy emotiva, sobre todo por las palabras que nuestro Superior Provincial pronunció en su Homilía. Ahora reproducimos estas palabras a continuación:

Homilía del padre Marcel Poirier, a. a. en la celerbación eucarística

Hermanos, Hermanas,

El P. Flavio les ha dicho que yo no soy mexicano. Pero hoy día, aún si no hablo bien su idioma, me siento mexicano, unido a ustedes por la fiesta de los votos perpetuos de nuestro Hermano Joseph.

Acabamos de escuchar la parábola de los dos hijos, una parábola que conocemos bien. Esta nos repite una vez más el tema de la misericordia infinita del Padre. Él siempre esta dispuesto a perdonar al hijo que vuelve a casa arrepentido. Él perdona y acoge sin reproches, no porque es indiferente a lo que hacemos, sino porque nos quiere. Él sabe que sus hijos no van a encontrar la felicidad fuera de la casa paterna y pueden morir lejos de ella. Así, cuando uno de nosotros vuelve a casa, es para Él un gran momento de alegría. En eso hay algo increíble. El ser humano no es más que un poco de polvo en el inmenso universo que nos rodea. ¿Cómo es posible que el Dios todopoderoso, creador del universo se interese por cada uno de nosotros? Es un misterio. Eso tiene sentido solo si Dios es amor, si es Padre. Tenemos que meditar a menudo este misterio.

Hoy no trataremos de saber si el Hermano Joseph se identifica con el hijo que gastó su fortuna antes de regresar a casa, o con el hijo que se quedó en casa, pero viviendo una obediencia triste, ignorando el amor de su padre. El comportamiento de los 2 hijos representa nuestra humanidad. Hay gente que gasta los dones de Dios buscando solo placeres, buscando únicamente el propio bienestar, olvidando que todo lo han recibido del Creador. Hay también otros que se dicen cristianos, católicos. Viven en la casa del Padre, en una obediencia triste, como encerrados en una serie de mandamientos o prohibiciones, ignorantes del amor y de la presencia del Padre.

Pienso también que en cada uno de nosotros hay un poco de los 2 hijos. A veces, como el hijo menor, gastamos nuestros talentos; queremos alejarnos del Padre para seguir nuestros propios caminos. A menudo también, nos quedamos en la casa del Padre, pero sin reconocer su presencia y aceptar su amor.

La parábola de los dos hijos nos enseña que el Padre respeta nuestra libertad; no impone su amor ni tampoco su presencia. Sin embargo, Él siempre espera nuestro regreso a casa. Nuestro Dios es un Dios mendigo, que siempre busca la reconciliación con nosotros. Por eso vino Jesús al mundo, para indicarnos el camino que permite regresar a casa, para enseñarnos cómo reconocer la presencia del Padre y acoger su amor. Por eso, San Pablo invitaba los Corintios a imitar a Cristo: “El que vive según Cristo es una creatura nueva.”

Hoy, el Hermano Joseph va a pronunciar sus votos perpetuos. Los votos que hacen los religiosos son una manera de vivir “según Cristo”, una manera de vivir en la casa del Padre o de regresar a ella.

Por ejemplo, el voto de castidad no consiste sólo en no tener relaciones sexuales. El objetivo del voto es mucho más amplio. Se trata de tener un corazón libre, para acoger a todos los que uno pueda encontrar; se trata de amar, amar sin poseer al otro, amar sin dominar, sin imponerse, sin explotar, sin considerar al otro como un objeto de su placer, amar capacitando al otro para que sea libre, autónomo. Eso es amar como Cristo.
Con el voto de pobreza, el Hermano Joseph se compromete a contentarse con lo necesario, sin acumular bienes, sin entrar en la carrera del consumo. Sabe que la seguridad, la tiene en Dios mismo; no la puede encontrar en la posesión de bienes materiales u otros. Tal actitud le da libertad para compartir lo que tiene y lo que es con los otros. Le permite estar a gusto con personas que poseen mucho o que tienen poco. Así, vivió Jesús.

El voto de obediencia puede ser ambiguo. Unos piensan que con este voto, uno abandona su voluntad propia, es decir su libertad. Significaría perder lo que es esencial al ser humano, su libertad; significaría volver a ser menos humano. Claro que con el voto de obediencia uno renuncia a ciertos deseos, pero es para realizar un deseo más profundo, es decir, el deseo de armonizar toda su vida, sus deseos, sus sentimientos, sus actos con la voluntad del Padre. Con este voto, el religioso se une a sus hermanos en la búsqueda de la voluntad de Dios. Con sus hermanos él quiere comprometerse para que venga el Reino del Padre. Así actúo Jesús.

Todo eso es un sueño, un ideal de vida. El Hermano Joseph lo sabe, no es posible lograr un reto así de exigente. Imposible vivir así sin la gracia del Señor, sin esta fuerza, esta energía interior que permite seguir adelante cuando se encuentran dificultades, fracasos, tentaciones, cuando a uno le falta energía o la fuerza para seguir. Pero, con la gracia que comunica el Señor, todo es posible. Por eso, Joseph tendrá que pedir cada día la fuerza del Señor.

El Hermano Joseph necesitará también el apoyo de sus hermanos. Cuando digo “sus hermanos”, estoy hablando de los Asuncionistas que viven en comunidad con él. Pero esto incluye también el apoyo del pueblo de Dios al que él trata de servir. La comunidad asuncionista ha experimentado la fuerza de este apoyo hace unos meses, cuando murió nuestro Hermano Magloire. Saben ustedes que Magloire habría pronunciado sus votos perpetuos hoy junto con Joseph. Recordarlo añade quizá una nota de tristeza a este día. Sin embargo, nos alegramos pensando que Magloire ha llegado definitivamente a la casa del Padre y está unido a nosotros en esta hora de alegría. Quería mencionar esto para evidenciar el apoyo que nos dio la comunidad cristiana de San Andrés y agradecerles a todos por este apoyo: espero que este apoyo se mantenga en el futuro.

Ahora vamos a rezar por el Hermano Joseph para que sea siempre fiel a su compromiso. Podemos también renovar nuestro compromiso personal. Todos somos llamados a vivir como Cristo, cada uno según su vocación propia. Todos estamos invitados a amar como Cristo, a compartir lo que tenemos y que somos como lo hizo Él, y buscar la voluntad del Padre en todo lo que hacemos.

Por eso, rogamos al Señor. ¡AMÉN! ¡Así sea!

Después de la homilía se llevaron a cabo los ritos de la Profesión Perpetua de nuestro hermano Joseph, todos oramos junto con él y nos alegramos porque ahora se ha comprometido definitivamente con el trabajo por la extensión del Reino de Dios en nosotros y alrededor nuestro por amor a Nuestro Señor Jesucristo, viviendo los votos de pobreza, castidad y obediencia. Damos gracias a Dios.

Después de la celebración eucarística la comunidad de San Andrés Totoltepec ofreció una comida a todos los asistentes a la misa, además de los tradicionales mariachis, el pastel y las porras para nuestro hermano. Fue una celebración muy grande, damos gracias a todos los hermanos que hicieron posible que así fuera, de manera especial a la comunidad cristiana y los agentes de pastoral que participaron en la organización de esta celerbación. Que Dios los bendiga.

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