REGLA DE VIDA DE LOS

LAICOS ASUNCIONISTAS

COMENTADA

 

Aquí encontrarás la lectura, redacción y discusión de algunos números de la Regla de Vida, si quieres leer el texto completo de la Regla de Vida de los Laicos Asuncionistas sin comentarios Haz click aquí:

* Nº 4.- La comunidad de laicos asuncionistas existe para el advenimiento del Reino. El espíritu del fundador nos impulsa a hacer nuestras las grandes causas de Dios y del hombre, a hacernos presentes allí donde Dios está amenazado en el hombre y el hombre amenazado como imagen de Dios. Tenemos que dar pruebas de audacia, iniciativa y desprendimiento, guardando fidelidad a la enseñanza y a las orientaciones de la Iglesia. Es nuestro modo de participar en su vida y en su misión.

Este número nos muestra el espíritu de la Asunción. Después de conocer a Dios lo único que busco es hacer su voluntad. Este es el impulso asuncionista que me empuja a ir donde Dios está amenazado en el hombre y el hombre amenazado como imagen de Dios. Debemos defender al hombre cuando está en peligro su dignidad, cuando la vida está amenazada no podemos quedarnos callados. cuando la obra de Dios se ve amenazada en el hombre. debemos tener las bases y con ello reflexionar, crear un juicio crítico y común, buscar un criterio bajo el cual el grupo pudiera actuar ante una situación determinada. Todo comienza conmigo, para que pueda haber cambio debo comenzar por mi persona, soy parte del sistema y debo descubrir como me afecta para poder transformar esa situación. Tener la fuerza para confrontar esta vida torcida y corrupta en mí mismo, de ahí se extenderá a los demás; cambiar primero yo para mover a los demás al cambio. Llegar al ser humano y dialogar con él como tal, respetando su dignidad y considerándolo como otra persona igual que yo, como mi hermano, no ir a las etiquetas. Debemos educar desde la Iglesia para el deber, el poder y el hacer. Educar a nuestro pueblo confrontando la realidad actual.

Nº 5.- Fieles a la voluntad del P. d'Alzon, nuestras comunidades están al servicio de la verdad, de la unidad y de la caridad. Así anuncian el Reino.

Para comprender mejor este número de la R.V. debemos meditar ¿De qué verdad estamos hablando? y sobre todo en nuestros tiempos; no es una verdad conceptual, no se acepta en la cabeza o como dogma en el credo, sino que se trata de una verdad hecha vida, una experiencia de Cristo actuando aquí, ahora y en mí. Es una verdad práctica que se lleva a las acciones de la vida diaria. Debemos vivir esta vida en comunidad integrando todos los aspectos de nuestra vida, es una especie de retroalimentación, asumiendo y aceptando nuestros errores con sencillez y humildad. ¿De qué unidad trata el texto? De aquella unidad que es más profunda que la que conocemos normalmente, es la unidad de Dios con nosotros; es el hacernos uno con Dios, todos y cada uno de los hombres. somos el cuerpo de Cristo que nos une en sí mismo. Es ir a Cristo sinceramente y hacernos uno con él, él nos llevará al Padre. Esto es Unidad y no uniformidad, aceptar nuestras diferencias individuales pues eso enriquece al grupo. Sentirnos parte de y trabajar por la Iglesia. el "Venga a nosotros tu Reino" es el anhelo de vivir el paraíso desde la tierra, en este momento. Es la Encarnación Mística Yo estoy encarnando a Cristo hoy en mi vida, en mi historia. Hacer de mi vida en el mundo mi paraíso, no hacerlo solo sino en comunidad.

Regla de Vida. Comentarios al primer capítulo:
- Es una panorámica de la Asunción, sencilla paro profunda que explica el ser y el obrar de la Asunción de manera general pero muy clara.
- Me hace reflexionar ¿A qué me debo comprometer? si quiero ingresar a la familia. En ella se aclaran las prioridades de la familia. Las restricciones y los condicionamientos el grupo los determinará eventualmente. También buscará compromisos concretos para aplicar el carisma (obras de apostolado).
- La comunidad se definirá a sí misma, se configurará y optará por obrar en base a este primer capítulo que es lo que hace ser a la asunción la familia que es. Se estructurará en base a la Regla.
- ¿Cómo cumplir con estos compromisos desde nuestras responsabilidades y realidades? ¿Cómo llevar a cabo estos principios en mi situación ministerial, de apostolado, familiar, social, cultural, etc.? ¿Cómo darles vida, aceptarlos y mantenernos en su cumplimiento?
- Como grupo todos somos responsables, debemos ser una ALIANZA y tener conciencia de que debemos crecer juntos. Tener confianza en que lo que nos une es Cristo y animarnos unos a otros. Decidir ¿Qué vamos a hacer nosotros para la causa de Dios: El Reino? Buscar la meta del grupo.
- Poner en común nuestras realidades y propuestas para poder escoger un apostolado concreto.
- recordar siempre que somos un grupo FUNDADOR y pensar en formarse e ir formando a otros. Pensar en qué vamos a hacer con nuevos grupos, qué les vamos a dar o a decir, qué les ofreceremos. Tenemos la gran responsabilidad de que lo que hagamos nosotros servirá de pauta, guía, camino, modelo y orientación para los grupos que surjan después. Nuestro grupo existe para fundar; caminar siempre pensando que nuestros actos tendrán repercusiones. debemos seguir el camino del arriesgar, retomar, intentar, corregir y evaluar.

En el número 6 de la Regla de Vida se nos dice que cuando no nos evangelizamos no servirá de mucho nuestro apostolado, podemos evangelizarnos desde la misma vida comunitaria puesto que el Reino de Dios tiene que advenir primero en nosotros y después en nuestros múltiples trabajos. La vida para nuestro grupo es el profundizar en el conocimiento de la espiritualidad del padre d'Alzon mediante nuestras reuniones quincenales. La misión de esta comunidad es la extensión del Reino a través de cualquier medio; nuestro deber en profundizar en el estudio del mensaje de Cristo y así ir creciendo en comunidad realizando nuestra misión en el grupo para después llevarla a nuestros ambientes.

Nº 6 R.V. - Llamados por Cristo, fuente de nuestra unidad, optamos por vivir en común conforme a la regla y al espíritu de San Agustín, con vistas al Reino. El advenimiento del Reino de Jesucristo para nosotros y para el prójimo se realiza ya en nuestra vida comunitaria. Por muy dispersos que estemos en razón del apostolado, participamos en la vida y en la misión de la comunidad.

En el número 7 de la Regla de Vida se nos dice que el primer alrededor nuestro para implantar el reino de Dios es nuestra comunidad, nuestra propia familia, nuestro prójimo, nuestro hogar, etc.
Nos recuerda el compromiso y la obligación de los laicos asuncionistas descritos en el Nº 1 de la regla de vida que habla de nuestra vocación como asuncionistas: la extensión del Reino. Dicho reino es don de Dios, no nos pertenece, debemos aceptarlo en las buenas y en las malas por ello hay que crecer y comprometer toda tu persona a dicho proyecto. La misión será dificil y nos confrontará continuamente pero todo eso no permitirá crecer. ¿Qué tanto me he comprometido?
En nuestras familias los esposos son amigos, hermanos en Cristo y misioneros de sus misma familia pues no son otra cosa que la Iglesia doméstica. Los esposos deben crecer con sus hijos a través de la aceptación y adaptación. La vida fraterna se vivirá desde la familia ya que no escoges a los que viven contigo, sino que todos los miembros de la familia son regalos de Dios. Así debe de ser con nuestra comunidad debemos aceptarnos unos a otros y adaptarnos a las situaciones que vayamos viviendo todo dependerá del grado de compromiso que tenga cada uno (cristiano y humano).
Nuestro compromiso real es el Reino de Dios hay que involucrarnos y participar de él.

Nº 7 R. V.- La vida fraterna se nos a construir día tras día. Acogida como un don de Dios, exige a cada laicos asuncionista una conversión diaria que afianza su propia fidelidad y la de sus hermanos. Nuestro amor a Dios y a los hombres se prueba y se manifiesta en la verdad de nuestras relaciones. A nadie le será dado saborear la alegría de esta vida sin que comprometa en ella toda su persona.

En el número 8 de la Regla de Vida, el P. d' Alzon nos muestra la misión de la Asunción como la Obra que nunca se termina, el poder aceptarnos diferentes todo el tiempo ; es una frase fuerte que nos empuja, nos invita, nos llama a encontrarnos en comunidad y aceptarnos como hermanos, en todos los niveles y realidades. No hay nada más vivo en la fe que el aceptarnos diferentes. Tenemos que ser tolerantes, pacientes y apoyar a nuestros hermanos.
El que sabe comprender no necesita perdonar pues no siente ofensa alguna en el actuar de sus hermanos, los entiende, acepta y apoya; reconoce las limitaciones del otro y las suyas por ello es capaz de entender y aceptar. Si todos fuéramos iguales sería monótono, hay que reconocernos diferentes porque eso es lo que nos enriquece. Debemos tener paciencia, centrarnos en Cristo y aprender de los demás, de sus experiencias, estar abiertos a los otros.
Dios nos ubica, nos transforma, nos ayuda a superar problemas de todo tipo siempre y cuando antepongamos la escucha benévola a nuestros propios sentimientos, entonces tendremos mayores oportunidades para encontrar la llave. Todo el tiempo resolvemos dificultades nuestras y de nuestros hermanos, pero debemos buscar nuevas formas de resolver, criticar o solamente describir la realidad. Entender que el otro necesita de mí, así actuará Dios conmigo, tiene comprensión, me entiende, me acepta tal y como soy, siempre me escucha y de ahí que todo el tiempo esté junto a mí para levantarme; es nuestra vida humana centrada en un eje que como sabemos no es otro que el mismo Cristo.
Este proceso nos invita constante y continuamente a perdonar; esto es una actitud de vida no pasiva sino de compromiso real; Dios nos perdona todo, nosotros debemos perdonar todo a los otros. Aquí radica la madurez del grupo cristiano, en crecer según lo que Dios nos ha dado para vivir, es un proceso humano que nos transforma constantemente. En nuestra realidad presente descubrimos la inclinación del ser humano hacia una infinidad de corrientes filosóficas, teológicas y científicas que desorientan y hacen errar a los católicos, es un presente de mucha soledad, de egoísmo, de no preocuparse por los demás si no sólo por uno mismo. Aquí debemos anteponer la escucha activa que nos permite relacionarnos con Dios como el ser que nos invita a crecer juntos; es esta la permanencia de la presencia del otro, saber que está entre nosotros sin necesidad de estarlo en cuerpo y alma.
Necesitamos algo permanente, un lazo de unión, algo que nos cohesione: ¿Cuál será en nuestro grupo? Eso que le de solidez y estabilidad, cohesión e identidad, unión y pluralidad, etc. a la comunidad. Una Promesa o Compromiso que se haga en serio como símbolo de fidelidad e identidad, es la cohesión que une y da identidad a la comunidad. Símbolo que sea una actitud de vida y no sólo palabras bonitas, que sea real y palpable.

Nº 8 R. V.- Nos aceptamos diferentes, pues Aquél que nos une es más fuerte que lo que nos separa. Debemos superar sin cesar nuestras divisiones y limitaciones para reencontrarnos en la acogida y el perdón. Si anteponemos la escucha benévola y el respeto a las personas a cualquier divergencia de opinión y diferencia de origen, de edad, de mentalidad o salud, nuestra diversidad se transforma en riqueza.

En el Nº 9 se nos narra la forma de hacer posible la vida comunitaria en nuestras comunidades laicales asuncionistas. Nos parece indispensable el compartir como miembros de una comunidad, porque esa es la base de nuestra vida misma. Por ello nuestros grupos serán comunidades pequeñas, francas, abiertas, humildes, sencillas y con mucha caridad para poder compartir lo que no nos gusta de los demás. Compartir algo de nuestro interior, es decir exteriorizarlo aportándolo a la comunidad para crecer juntos en el compartir.
Se nos hacen necesarias las autoevaluaciones de cada uno de los integrantes y de la comunidad en general, para saber por qué caminos vamos andando y si es correcto continuar por ellos o de plano cambiar el rumbo ola dirección de nuestro caminar. Para poder hacerlo aplicaremos en nuestras reflexiones la meditación a cerca de la "Guía Espiritual" o "Directorio" del P. d' Alzon; haciéndolo un instrumento laico de reflexión.
No queremos estancarnos en las mismas obras, hay que ser grupos abiertos para poder responder a las necesidades reales y más urgentes de nuestros tiempos. No estar fijos en algún trabajo, ni permanecer estáticos, es mejor quedarnos libres para discernir juntos y poder dar pasos concretos hacia nuestros apostolados. No anquilosarnos con papeles, obras, honores o reconocimientos; tenemos que como d' Alzon arriesgarnos a emprender nuevos caminos.
Ser francos es necesario para buscar ser fieles a la Iglesia, no puedo quedarme en un solo sitio con una sola obra, tengo que esforzarme por dar un paso más hacia adelante. El centro de nuestras vidas tendrá que ser el Evangelio, es decir, Cristo mismo

Nº 9 R. V.- La vida de las comunidades laicales asuncionistas exige encuentros periódicos que nos permiten evaluar nuestra espiritualidad y trabajo apostólico: Evaluación periódica de las actividades de cada comunidad. Revisión de vida comunitaria para compartir nuestras experiencias cotidianas a la luz de la fe. Los laicos asuncionistas rehacemos nuestras fuerzas y nuestra unidad en la oración común, sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Nuestras comunidades buscan una vida evangélica más fiel y un apostolado más abierto a las llamadas de la Iglesia y del mundo; mediante un intercambio cordial y franco propiciado por las reuniones comunitarias.

El Nº 9 en su tercera parte, se dieron los siguientes comentarios:
Nuestro compartir como comunidad laical asuncionista deberá ser frecuente, sencillo, cordial y fraterno. Somos una familia y como toda familia necesitamos lazos de unión que nos permitan identificarnos de otras familias y que nos hagan tener relaciones de hermandad próximas y estrechas. Nuestro compromiso con la Asunción se manifiesta con nuestra unión y preocupación hacia los otros miembros de nuestras comunidades.
Es muy necesario para nosotros el tener tiempos durante nuestra formación para conocernos, descansar, compartir vivencias, convivir fraternamente y disfrutar juntos de momentos agradables; por ello debemos de tener convivencias frecuentes y momentos de esparcimiento de acuerdo a las necesidades de cada comunidad.
Compartimos nuestras alegrías y tristezas, ilusiones y sueños, proyectos y realidades, triunfos y fracasos, desilusiones y esperanzas; en pocas palabras nos ayudamos a crecer mutuamente compartiendo nuestras vidas. Enfrentamos juntos las adversidades apoyándonos en la oración personal, comunitaria y de intercesión. Nos preocupamos por nuestros hermanos enfermos y hacemos lo posible por ayudarlos en sus necesidades.
Profundizamos en el conocimiento personal y comunitario a través de nuestras reuniones quincenales pero necesitamos momentos especialmente dedicados a esta tarea. En dichos momentos debemos compartir nuestras vidas con naturalidad, felicidad, facilidad, flexibilidad, apertura y libertad; sobre todo con humildad y amor.
Como iniciativa de poner en práctica este número de la Regla de Vida y para conmemorar el cumplimiento de un año de nuestras reuniones, nos pusimos de acuerdo para realizar la primera convivencia de nuestra comunidad. Se realizó el día 6 de marzo de 1997 con muy buena asistencia y un ambiente estupendo. Durante la misa se ofreció nuestro trabajo al Señor Jesucristo junto con el escrito de los dos primeros capítulos de nuestra Regla de Vida.

Nº 9 R. V.- La vida de las comunidades laicales asuncionistas exige encuentros periódicos que nos permiten evaluar nuestra espiritualidad y trabajo apostólico: *) Evaluación periódica de las actividades de cada comunidad. *) Revisión de vida comunitaria para compartir nuestras experiencias cotidianas a la luz de la fe. *) Los laicos asuncionistas rehacemos nuestras fuerzas y nuestra unidad en la oración común, sobre todo en la celebración de la Eucaristía.
Nuestras comunidades buscan una vida evangélica más fiel y un apostolado más abierto a las llamadas de la Iglesia y del mundo; mediante un intercambio cordial y franco propiciado por las reuniones comunitarias. Las alegrías y las adversidades, el esparcimiento y las frecuentes convivencias nos deparan la ocasión de estrechar nuestros lazos de unión en la sencillez, conforme al espíritu tradicional de la Asunción. Nos ocupamos con especial cariño de nuestros hermanos enfermos y mayores.

Comentamos también el Nº 10: Debemos buscar cómo ser solidarios con nuestros hermanos, pues como grupo podemos ofrecer nuestra vida a las grandes causas de nuestro tiempo, a las necesidades de nuestra Iglesia y de la gente en nuestros respectivos ambientes. Pero también debemos preocuparnos por la unidad entre nuestras comunidades y así damos testimonio de ser verdadera Iglesia. Hay que acoger a los nuevos integrantes de nuestras comunidades para suscitar en ellos el ánimo y el entusiasmo para seguir adelante, así como motivar con nuestro ejemplo a personas de fuera para que formen parte de nuestras posibles comunidades. Recordar que somos fundadores y que la obra inicia con nosotros, somos responsables del futuro de la Asunción Laica en México.

Nº 10.- es importante que la comunidad se muestre acogedora. Quiere ser solidaria con las demás comunidades laicales y mantiene siempre vivo su sentido de Iglesia, fundamento de toda comunión fraterna.

En el Nº 11 de la Regla de Vida encontramos los fundamentos básicos de la función del grupo, las responsabilidades de sus miembros, el animador de la comunidad y las necesidades del grupo. Debemos tener un mismo camino puesto que vamos hacia el mismo objetivo. Tenemos que comenzar por construir nuestra comunidad laical asuncionista en este grupo piloto para después deslindar responsabilidades a sus miembros de la mejor manera posible para poder así tener una organización que permita el mejor funcionamiento de nuestra comunidad.
Una vez organizado el grupo piloto se podrán dividir funciones en los demás grupos dependiendo de los requerimientos de cada comunidad. Necesitamos de una cabeza que coordine, organice, dirija y guíe a la comunidad laical, será símbolo de unidad que se preocupe por su familia y por sus responsabilidades para con ella. Será asesor general y guía espiritual y optimizará a la comunidad y a sus miembros. La palabra coordinador dice mucho más que la función del mismo, dice su compromiso con Dios y sus hermanos, su disposición al trabajo y su solidaridad para con el grupo. El se encargará de establecer vínculos con la Asunción religiosa.

Nº 11.- Nuestras responsabilidades y funciones son diversas. El desempeño de las mismas exige espíritu de servicio y de caridad. El animador vela por la vida de la comunidad, atiende con especial solicitud a las personas y garantiza la libertad de cada miembro y la unidad entre todos.

En el Nº 12 se presenta resumida la vocación Asuncionista que resumida no es más que el advenimiento del Reino de Dios primero en nosotros y después en nuestras obras. Nuestra misión es evangélica. Nuestra primera Regla de Vida es el Evangelio. En nuestra realidad actual el laico asuncionista es testigo de Cristo y de la Iglesia ante las circunstancias más variadas del mundo de Hoy. Queremos que "Venga tu Reino" aquí y ahora, en nosotros.

Nº 12.- Vivida así, nuestra vida común da plenitud a la vocación de cada laico asuncionista. En un mundo dividido, testifica que Cristo está vivo entre nosotros y que realiza nuestra unidad en orden al anuncio del Evangelio.

Estudiando el tercer capítulo en el Nº 13, se comentaron los siguientes aspectos:
Nuestra vida de servicio apostólico debe centrarse en las verdaderas necesidades de nuestras comunidades, en la realidad que estamos viviendo y en nuestras posibilidades de servir.
La Asunción tiene que verse involucrada y trabajando en las "grandes causas " de Dios en México, ¿Cuáles son? Una vez respondida esta pregunta, debemos hacerlas nuestras y responder a ellas. Lo más importante para nosotros no es un tipo de trabajo determinado sino que estemos haciendo algo para colaborar con el advenimiento del Reino, sobre todo en las grandes causas de nuestro tiempo y de nuestro país, de nuestra realidad concreta.
No se trata de hacer servicio social, o de dar consejitos a las personas que se nos acerquen, más bien, se trata de trabajar con ellos por Cristo y la dignidad de cada uno de ellos.
Para discernir el tipo de apostolado que vamos a realizar acudimos al Nº 4 de la R. V, donde se nos recuerda cuál es nuestra verdadera misión como asuncionistas laicos. El P. d' Alzon nos ha visto sirviendo a la Iglesia en el lugar donde realmente lo necesita; todo el tercer capítulo es un profundizar en este número. Por ello como trabajadores por el Reino debemos concretizar nuestra forma de responder a las necesidades de nuestro tiempo.
La Asunción pide un compromiso más profundo, tenemos que pensar en él para definir el lugar en el cual vamos a trabajar, ¿En dónde está amenazado Dios en el hombre y el hombre amenazado como imagen de Dios? ¿Y en nuestra patria? ¿Cómo responder? ¿Cómo hacerlas nuestras? ¿Cómo puede el laico mexicano responder a esto?
Para responder a estas y a otras preguntas, debemos conocer lo que necesitamos como laicos asuncionistas para después poder pedirlo a las autoridades. Hay que despertar a los obispos y sacerdotes para mostrarles los grandes cambios de la Iglesia y de la realidad de nuestra sociedad, de lo que realmente le hace falta a nuestro pueblo.
Una vez discernido nuestro apostolado, no dejarnos de preocupar por él, dar todo lo que esté al alcance de nuestras fuerzas. Todo lo que vamos a hacer dependerá de nosotros mismos, recordar que somos fundadores; procurar cumplir con nuestra finalidad como asuncionistas, con nuestro objetivo. Por ello, busquemos desde el espíritu de nuestra comunidad las obras de apostolado que vamos a realizar.
Una posibilidad es precisamente conscientizar a los demás laicos de sus responsabilidades para con la Iglesia mexicana, y a la jerarquía de sus deberes para con los laicos. Deben confrontar a la jerarquía de la Iglesia para que recuerden la importancia de sus feligreses en la acción pastoral y eclesial en general. El laico debe luchar por sus derechos y privilegios como hijos de Dios, pero también responder a sus deberes y responsabilidades.
Podemos llevar a la Iglesia hacia la gente, el pueblo, para que organizándose puedan colaborar en su edificación. esta es su Iglesia, ustedes son parte de ella, es suya; por ello deben recuperarla exigiendo el papel que les corresponde como cristianos, metiéndose en la programación y realización del apostolado.
No se trata de hablar románticamente o de hacer cosas bonitas sino de realizar la obra de d' Alzon, de la Asunción, de llevar a la práctica la espiritualidad de la Regla, de darle vida al papel, hacerla nuestra. Hay que ver de manera seria.
Pero surgió una pregunta dentro de la reflexión, que nos empujó a responder seriamente ¿Qué es lo que hace diferente (distingue) a la Asunción del resto de las comunidades religiosas?
Se obtuvieron muchas respuestas pero al final se rescató que el laico asuncionista debe ser hombre de fe y hombre de su tiempo, puesto que su vida debe de estar centrada en Cristo, en la oración, en el estudio y debe de responder a las grandes causas de nuestro tiempo con audacia, iniciativa y desprendimiento; ser abiertos, libres, desinteresados, libres, responsables, francos. Pero sobre todo, estar enamorados de Cristo; para mí la vida es Cristo. Cristo es el centro, eje y motor de mi vida; por eso lo amo y amo lo que él ama, sus dos amores, a María su madre y a la Iglesia su esposa. Somos auténticos, somos católicos de una pieza, vivimos fielmente la doctrina de la Iglesia; pero:
¿Qué es ser católico? Es morir con Cristo y resucitar con él día tras día y en cada momento, todo el tiempo y a cada instante. Es vivir el Evangelio en nuestra misma vida.
En nuestra Parroquia ¿Cómo podemos ser católicos de una pieza? ¿Cómo poder responder al carisma de la Asunción? ¿A dónde están las grandes causas de Dios y de los hombres? ¡Cuanta hambre y sed de Dios hay en nuestro ambiente, al nuestro alrededor? ¿Qué hacer?
* Existen muchas necesidades en éste, nuestro pueblo, que ahora está perdiendo la fe que antes nos identificaba como mexicanos y católicos al mismo tiempo. Hay muchas influencias del exterior, sobre todo en las modas, en la música, en el arte, en el comportamiento, en la educación, etc.
* Vivimos en una sociedad secularizada, donde los valores poco a poco van perdiendo fuerza.
* Un caso primordial, es el de los oficinistas que pasan la mayor parte del tiempo cerca de la parroquia y que se acercan a ella para pedir ayuda, apoyo, soporte espiritual ¿Cómo dárselo?
* Otro caso muy frecuente es la división familiar por el divorcio, su desintegración y desunión; el hogar va desapareciendo porque el matrimonio se quiebra ¿Cómo dar respuesta a esta necesidad?
* La concientización de los laicos para participar activamente de la programación y elaboración de diferentes formas, estilos y maneras de apostolado.
Ver todo desde el corazón de Cristo, sobretodo la necesidad de los hombres. No hay que ser indiferentes más bien recuperes tu identidad y dignidad para dársela o recordársela a los otros.
Nuevamente ¿Qué es ser mexicano hoy? Ser cristiano católico... esa es. Buscar siempre luchar por la causa que es Cristo, por su realización en nosotros, del Dios-hombre, en el hombre-hombre.

Reflexionando el Nº 14 del tercer capítulo, se obtuvieron los siguientes comentarios:
Este número responde a las necesidades de su tiempo y aunque no ha sido escrito para el tercer mundo, responde a la situación presente de nuestro país. Da toda una dirección a nuestra vida de servicio apostólico, nos muestra el objetivo y el mensaje esencial del mismo Evangelio, la preferencia de Cristo por los pobres y humildes, por los que no son nada ante los ojos de los demás hombres.
Nuestras comunidades deben estar al servicio de los pobres y necesitados humana o espiritualmente debemos de encarnar el Evangelio en nosotros, poner el Evangelio en medio del mundo, encarnarlo en la realidad. Debemos darle vida al mensaje de Cristo. Algunas ocaciones tendremos dificultades para realizar nuestro servicio, pero hay que sacrificarse poniéndonos a trabajar.
Nuestra primera intención es centrarnos en la regla de vida. En este capítulo de la misma se nos muestra una de las grandes causas de Dios en el mundo y la Iglesia de hoy, que siempre se quedará entre nosotros. Es una necesidad actual el servir al pueblo por medio de obras sociales, ir a ellos para ayudarlos a caminar y acompañarlos en su peregrinar.
Debemos hacer lo que esté al alcance de nuestras posibilidades, será para nosotros un estilo de vida que nos empujará y hará conscientes para no instalarnos en nuestros castillos. No debemos acomodarnos ni quedarnos con ninguna obra, primero tener apertura para aceptarlas o rechazarlas. No justificar nuestras obras sociales, al contrario hay que confrontar constantemente nuestro trabajo.
Más que un compartir material o económico, se trata de compartir la misma vida con los demás... pero ¿Cómo es posible que siendo ésta nuestra mística, no se de realmente? En realidad no se sirve a los pobres por ser dificil, por lo anterior nos preguntamos, entonces ¿Cómo hacerlo?
La palabra pobre se ha cargado de una connotación distinta a la que significa realmente, de ahí que para nosotros los pobres, no son solamente los que carecen de bienes materiales, sino todos aquellos que tienen hambre de Dios, que sufren en su persona, que no lo conocen y lo andan buscando. Es nuestra obligación hacernos parte de ellos, de su sufrimiento, nuestro deber es morir a nosotros mismos en y con ellos, vivir el sufrimiento de nuestros hermanos.
Nos damos cuenta de la problemática inmediata a la que nos enfrentamos al preferir a los humildes, sencillos, pobres y necesitados ¿Cómo resolverla? Si no contamos con medios suficientes, obras extensas y tenemos que ir más allá de los caminos que hemos trazado.
Ser solidarios con los hombres que tienen hambre y sed de justicia, no vamos a resolver los problemas, no daremos mejoralitos ni seremos paternalistas, debemos ser fermento para que cada uno de los hombres y mujeres que se acerquen a nuestras comunidades vayan encontrando sus propios caminos. Ellos serán los que se darán sus propias respuestas y solucionaran sus problemas. Recuperar la dignidad humana de nuestros vecinos para poder promover una situación más justa en nuestro entorno, ese es el verdadero advenimiento del Reino alrededor nuestro; tal vez no resolvamos los problemas pero sí haremos más digna y fraterna nuestra vida y la de los demás.
Hay que dar pasos concretos, para ello tenemos que centrarnos sobre lo que queremos, podemos y queremos hacer. Comprometer a cada persona integrante de nuestras comunidades en cosas concretas según las necesidades reales de nuestro tiempo, por eso debemos autoevaluarnos ¿Dónde está nuestro compromiso? Tiene que ser visible, real y concreto ¿Cómo voy a poder aceptar ser cuestionado por las situaciones que voy viviendo a diario? Puesto que debemos dar respuestas aquí y ahora, en nuestra vida diaria y en nuestros propios medios ambientes. Cuando me comprometa con alguna grande causa debo hacerlo desde el interior, si yo no vivo auténticamente lo que hay dentro de mí ¿cómo voy a obrar? Lo primero es que el Reino de Dios venga en mí y después a mi alrededor.
Para poder actuar primero tenemos que centrarnos en Cristo, crecer en él por medio de los Sacramentos, la Palabra y la Oración. Las obras vendrán después, mientras tanto hay que prepararnos, también en el estudio de las ciencias modernas.
Pero la pregunta que se desprende de nuestra reflexión es ¿Cómo ser pobres en nuestras diferentes situaciones? Ese es el mensaje Evangélico, la pobreza es depender de Dios única y exclusivamente.
Siempre confrontar nuestra verdad con la verdad de Cristo, ese es el verdadero desprendimiento, es el Abandono, lo haremos poco a poco, con calma, no desesperarnos. Hacer lo poco que podamos pero no dejar de hacerlo. Hay que enriquecer nuestros trabajos apostólicos con las cualidades que tengamos, con nuestras virtudes, con lo que somos.
Es fácil trabajar para el otro cuando no involucro mi persona, puedo gastar mi tiempo en infinidad de obras sociales, pero no tendrá el verdadero sentido del Evangelio si primero no trabajo en mi interior, sino comprometo primero mi persona. El servicio no es un fin propiamente dicho, mas bien es el resultado del proceso de conversión que Dios lleva a cabo en mí, el servicio es producto de la gracia. De ahí que lo que compartamos sea nuestro interior, abrirnos al otro.
Hay que dar, ese es el reto, y dar con calidad; debemos crear o generar algo para dar al otro. Lo que demos y sea nuestro es bueno, suficiente para decir que amamos a las personas; no necesitamos más que amar y hacerlo con lo que Dios nos ha dado. No sabemos como pero dará resultados, se demostrará con nuestras mismas actitudes, con nuestro testimonio.
Amar como Jesús amó, el amor surge de cada uno y no solamente de la comunidad ¿Cuál es el amor que vamos a dar? ¿Cómo se va a manifestar? Voy a amar dándome a los demás, pero ¿Cómo aprender a darme? ... En la oración. Cristo te acerca al Padre y así te ama, por eso tú estás capacitado para amar. Estar conscientes de lo que tenemos como dones, gracias, virtudes o capacidades para dar, así nos podremos donar a los otros, poner a trabajar nuestros talentos. No olvidarse de orar siempre y sin desanimarse, de esta manera Dios nos dirá por donde ir y como hacerlo. Ser otros Cristos. Como lo hemos estado haciendo debemos de dejar amarnos por Dios y así amar a loa otros, hacer vida lo que decimos, dejar fluir lo que se nos ha dado como regalo. Ya estamos amando.

Ahora vamos a reflexionar el Nº 15 y 16 del tercer capítulo que habla de nuestro trabajo apostólico. Discutimos los presentes números y dijimos lo siguiente:

Nº 15 " Dentro de los límites de nuestras posibilidades, elegimos los compromisos que se ajustan efectivamente a las necesidades actuales y al espíritu de la Asunción."

Este número no solo se refiere a la elección de obras según nuestras necesidades, también nos dice que si alguna obra de las que realizamos ha perdido su actualidad o hay alguien más que pueda hacerla mejor que nosotros, debemos ser capaces de dejarla para que la continúen haciendo otros en nuestro lugar. Si se pierde de una manera o de otra el espíritu de la Asunción, el hacer nuestras las grandes causas de Dios y de los hombres en la nuestro tiempo y hacernos presentes ahí donde Dios está amenazado en el hombre y el hombre amenazado como imagen de Dios, es mejor dejar la obra para que otros la prolonguen o simplemente se hagan cargo de ella.
Todo el tiempo debemos recordar que nuestra forma de trabajar siempre estará acompañada de audacia, iniciativa y desprendimiento (Cfr. Minutas del 31 - octubre - 1996); por ello no debemos casarnos con ninguna obra, pues para la Asunción ninguna obra es "suya", para mí será lo mismo, ninguna de las obras que realizo es "mía", todo se hace con el fin de la extensión del Reino de Dios en nosotros y al rededor nuestro, las obras que lleve a cabo son de la Iglesia y primero de Dios.
Hay que reconocer nuestras limitaciones para poder comprometernos conscientemente con las obras, meternos de lleno en la realización de las mismas y estar lo suficientemente abiertos para dejarlas en manos de otros. Ese es el verdadero espíritu de la Asunción: Aventarnos a realizar obras nuevas al servicio del Padre y del Reino que respondan a necesidades actuales sin esperar que me manden, sino hacerlo yo mismo (iniciativa), no esperar a que otros las hagan funcionar, meternos en su realización, estructuración y consolidación (audacia); y finalmente una vez consolidada y bien cimentada la obra hay que dejarla en manos de otro (desprendimiento). Esto es lo que hace especial a la Asunción.
De esta manera podremos ser lo suficientemente libres para comprometernos con la realización de nuevas obras. Esta es la diferencia de nuestra congregación para con otras: Tener la suficiente libertad y madurez para asumir el compromiso de la realización de obras que respondan a las necesidades de nuestro tiempo y una vez puesta en marcha se ha cumplido con nuestra misión así que se deja.
El desprendimiento es el motor que mueve a responder a varias necesidades de nuestro tiempo, nos pone en marcha, nos impulsa y supervisa. Este abandono nos muestra nuestra total dependencia a Dios, nuestra confianza en su amor y misericordia y nuestra aceptación de su voluntad. Decimos que si las obras son voluntad de Dios prevalecerán y si son voluntad del hombre terminarán por llegar a su fin.
El asuncionista no es un hombre de obras sino de espíritu, funcionamos como fundadores y animadores, la obra es de Dios y él se encargará de ella. Esencialmente somos educadores en la fe, educamos para que otros se comprometan con la obra que iniciamos. Formamos a otros para que sean líderes y así multiplicar a los trabajadores para el Reino. Es un gran reto que implica la fidelidad al carisma de nuestra comunidad, nos va a costar trabajo pero hay que hacerlo.
Nuestra labor principal se desarrolla así: Detectar los problemas, sensibilizar a los demás para responder a dichos problemas, integrarlos en nuetras comunidades, motivarlos a que trabajen con nosotros en el apostolado, formarlos y ayudarlos a crecer , darles autonomía y libertad de acción.

Nº 16 "Trabajamos en la edificación de la Iglesia por el anuncio de Jesucristo. Damos prioridad a la educación en la fe, a la formación de laicos comprometidos, al despertar y seguimiento de las vocaciones cristianas, en especial las vocaciones religiosas y sacerdotales. El anuncio de Jesucristo es inseparable de la promoción de todo el hombre en la justicia, el amor y la unidad. Todas nuestras actividades estarán animadas por un espíritu doctrinal, social y ecuménico."

Somos esencialmente evangelizadores: proclamamos la Buena Nueva, Nos metemos en nuestro tiempo y en las necesidades reales y actuales de la Iglesia a través de la educación en la fe, formamos laicos comprometidos como líderes de nuevas comunidades cristianas, promovemos la vocación cristiana a todos los niveles socioeconómicos en todas sus modalidades. El objetivo final de nuestro trabajo es la edificación de la Iglesia, la encarnación del Reino de Dios en nosotros y al rededor nuestro. Nuestra formación laical es abierta y da nuevos obreros al Reino y no solo a nuestras comunidades.
El asuncionista es un "animal de comunidad" pues no puede vivir ni trabajar solo y por su cuenta, requiere de su comunidad para crecer y realizar su obra. Está centrado en Cristo y por ello como él sufre, vive, crece y trabaja en comunidad. Es desde este espíritu desde el cual hay que tomar desiciones.
Llevamos con nuestra presencia humana la de Cristo, somos sus figuras. Promovemos al hombre en su integridad total, en su dignidad de persona, con justicia, amor y unidad. Somos CATÓLICOS.

La Regla de Vida de los Asuncionistas, en su Nº 17 y referente a nuestra fidelidad a la Iglesia, al Magisterio (Papa, obispos, sacerdotes) y a todos los fieles. Se presentaron los siguientes comentarios:

Nº 17.- Queremos permanecer fieles a las grandes orientaciones de la Iglesia, en comunión con el Papa, el Colegio episcopal y la Iglesia local. Colaboramos franca y desinteresadamente con todos los que están comprometidos en la evangelización.

Hacernos de la Iglesia y sentirnos parte de la Iglesia. Es el llamado a la unidad y a la fidelidad a nuestra Iglesia, a sus líderes y pastores, y a todos sus miembros laicos o religiosos. Pero ¿Cómo podemos permanecer fieles? ¿Cómo dar muestras de nuestro espíritu asuncionista desde este número? No esperar ser angelitos y darnos cuenta que cada uno tiene un lugar en la Iglesia, una misión y debe responder desde ese lugar y misión, desde sus circunstancias. Trabajar desde el lugar donde vivo hablando del Evangelio desde las realidades que se me presentan.
Preguntarnos siempre ¿Cómo seré fiel a este Papa? Con toda su humanidad, autoridad y responsabilidad ¿Qué es correcto? ¿Qué es necesario para preservar la vida de la Fe y la doctrina de la Iglesia? ¿Cómo puedo amar a Dios en estos hombres pecadores que veo en el clero? ¿Cómo amar esta situación de los hombres? ¿Hasta dónde debe llegar mi fidelidad a la Iglesia?
Observemos la voluntad de Dios en los acontecimientos presentes, sean dentro de la Iglesia o fuera, dependamos de Dios y no de los hombres, observemos los signos de los tiempos, aceptemos su voluntad y no hagamos la nuestra. Este es un modo de hacer vida el Evangelio. La Gran Orientación del Evangelio a la Iglesia es el primer mandamiento, el del "Amor", la caridad; en la práctica tengo que cumplirlo amando y este número me empuja a hacerlo con todos sus miembros. Es Cristo quien está tratando de decirse en los actos de su Iglesia y yo debo ser capaz de escuchar su voz.
No hay que preocuparnos por las pequeñas orientaciones, no fijarnos en lo accesible, estar abiertos más bien a las grandes que están presentes en el Evangelio, todo inicia ahí. Debemos conocer cuáles son las grandes orientaciones de la Iglesia para adherirnos, pegarnos, no separarnos de ella. El verdadero sentido o significado de las Grandes Orientaciones de la Iglesia no son soluciones, tú trabajas y decides en base a ellas, hay libertad en el acatamiento, en la determinación.
Nuestra obediencia cuestiona lo que busca el Señor en nosotros a través de nuestros pastores. Esta es una invitación a la fidelidad y confianza en la Iglesia, por ello debemos tener fe en que esta Iglesia con todas sus miserias es el "Cuerpo Místico de Cristo" y que a pesar de nuestra pobreza y pequeñez es Dios quien actúa en nosotros y en nuestros pastores.
Ahora bien el punto de unión no está lejos, porque no es solo Roma, está aquí en nosotros mismos, somos nosotros los que aceptamos ser o no miembros de la Iglesia, nadie no nos puede obligar. Todos somos humanos y nos podemos equivocar, incluyendo a nuestros pastores, así que lo más importante es entender y perdonar nuestras faltan mutuamente.
Los puntos de referencia que ocupamos comúnmente para guiarnos son relativos, pero siempre debe tenerse uno fijo con el podamos orientarnos para no perdernos en el camino. En la Iglesia es igual, hay algo que ha permanecido a lo largo de toda su historia, es su columna vertebral, es la presencia de Dios en la Tierra, es lo que el Espíritu Santo ha conservado dentro de ella y que le hace ser lo que es.
Es la experiencia lo que ha llevado a nuestra comunidad a redactar este número a nuestra comunidad, en base al discernimiento. Hay que amar a la Iglesia tal como es. Saber que el Espíritu Santo está con toda su Iglesia y que ella actúa con su poder, ahora bien si también está conmigo, yo puedo hacer que los demás reconozcan la presencia de Dios en mí, incluyendo al magisterio.
Si debo quedarme fiel es porque Dios así lo quiere. Pero nuevamente ¿Cuáles son las grandes orientaciones de la Iglesia... en la Asunción? La primera de ellas es la "Regla de Vida" puesto que está basada en el mismo Evangelio y ha sido aceptada por el Papa y el Vaticano. Debemos vivirla como lo que es "una gran orientación de la Iglesia", así seremos sellos de esta presencia de Dios; esforzarnos por vivirla para imprimir su presencia en los demás. Preguntarnos siempre que hagamos algo o tomemos una decisión ¿De verdad Dios está aquí?
En nuestra sociedad actual, en su situación de desorientación, de hambre y sed de Dios, de necesidad de saber y sentir que Dios está entre nosotros, de inseguridades, de no saber a dónde vamos y nuestros pastores tampoco, de sentir que hemos perdido la brújula... nosotros los hombres buscamos un poco de seguridad, algo que nos agarre para no dejarnos llevar por la corriente muy poderosa del "sin sentido"; necesitamos de un pilar para sujetarnos, de algo firme que nos sostenga, de un signo de unión para tener la certeza de que Dios nos ama.
Lo central de la doctrina cristiana es el mandamiento de Cristo "Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo"; de aquí brotan todas las demás verdades, que son una interpretación del primer mandamiento. Si lo cumplimos todo está hecho. No quedarnos en prácticas o devociones que nos desvían de lo central, de lo medular, hay que hablar claro y en esa dirección buscar el meollo del asunto. Hacer de Jesús el eje de nuestra vida, así encontraremos el verdadero valor de las cosas.
Comulgar con el Papa, nuestro obispo y nuestra Iglesia local, sentirnos parte de una gran familia. Debemos aceptar las orientaciones de la Iglesia por obediencia, pero también denunciar los abusos e irregularidades, escucho a la Iglesia pero también le digo, le llamo la atención, anuncio y denuncio, proclamo, confronto; estoy tan lleno del Espíritu Santo como la Jerarquía, yo también soy Iglesia y puedo hablar en su nombre. El P. d' Alzon se adelantó a su época al invitarnos a colaborar con todos los que están comprometidos en la difusión del Evangelio, esto es Ecumenismo puro. Lo importante es Dios no los credos, participamos con hombres de buena voluntad, la obediencia no nos cierra, somos abiertos.

Sobre el Nº 18 de la Regla de vida se comentó:
Este número de nuestra regla nos muestra algunas de las actividades o apostolados que tiene la comunidad de la Asunción en el mundo, son una gran variedad de obras que responden al carisma de nuestra comunidad hacer todo lo posible por la extensión del Reino, por el advenimiento del Reino de Dios en nosotros mismos y alrededor nuestro. Pero en nuestro país y en nuestra realidad ¿Cuáles serán las obras que respondan a este carisma? ¿Qué haremos para hacer nuestras las grandes causas de Dios y del hombre? ¿Cuál será nuestro apostolado?
Hay que responder a los signos de los tiempos que Dios nos muestra en nuestra vida cotidiana y hacer nuestro el espíritu de la Asunción con audacia, iniciativa y desprendimiento.
Acostumbrarnos a desacostumbrarnos, puesto que hay muchos cambios en el apostolado hay que saber cuando dejar las cosas y cuando hacerlas de otra manera; este es el espíritu de desprendimiento de nuestras comunidades.
Debemos recordar que existe una muy clara diferencia entre la espiritualidad y el apostolado de la asunción, no son las obras lo que define nuestra espiritualidad, al contrario, es nuestra espiritualidad lo que define el apostolado y nos lleva a comprometernos de muy diversas formas con Dios y con el hombre. Por esta razón nuestro apostolado tiene gran variedad.
Tenemos que ser capaces de inventiva, no acostumbrarnos a una sola forma de trabajar, ni trabajar solamente en lo que otros han trabajado, hay que cambiar constantemente nuestro trabajo apostólico para no pegarnos a las obras y así poder responder a las necesidades nuevas que surgen todos los días a nuestro alrededor. Nuestras elecciones hacia el realizar un apostolado determinado deben ser hechas con creatividad y audacia para responder mejor a nuestro espíritu.
La parroquia es el alma de nuestra comunidad, el centro de unión desde donde salimos para caminar hacia muchas direcciones. Será nuestro centro de reunión cuando hayamos iniciado las obras. Su función actual como sede de nuestras reuniones es circunstancial y temporal, nuestro trabajo en México debe ser el de buscar otras obras mas acordes a nuestra espiritualidad y carisma.
Como asuncionistas nos insertamos en las realidades de los lugares donde trabajamos, sea en la parroquia de la Emperatriz, en el apostolado de las casas de formación en San Andrés, Ejidos de San Pedro Mártir o en Topilejo; aunque trabajamos en distintos lugares nos sentimos como la familia que somos, puesto que nuestra comunidad no se ubica en un lugar físico sino espiritual. De la misma forma la Iglesia, no se encuentra en un lugar material sino que es conformada por todos.
El espíritu de la Asunción no tiene fronteras porque sus fronteras son las del Evangelio y por lo tanto las del Espíritu Santo, las de la Iglesia. Por ello debemos participar en la vida y misión de nuestra Iglesia, así seremos asuncionistas.
Nos hemos dado cuenta que como asuncionistas nos vamos identificando, vamos descubriendo rasgos comunes, la gente con la que trabajamos nos va identificando como asuncionistas gracias a nuestro espíritu de apertura que es nuestro rasgo más característico.
En nuestros grupos somos libres para buscar, decidir y escoger nuestras propias obras, cada uno puede participar en obras diferentes con tal de encarnar el carisma de nuestra comunidad. También podemos decidir en grupo el participar en una obra determinada. En caso de que alguno de nuestros miembros se decida por seguir algún apostolado en particular, será el grupo quien le otorgue su consentimiento para realizarla y quien le de libertad para hacerlo. Todas las obras concretas que realicemos deben verse como algo accesible que podemos dejar para participar en otras.
Somos libres o independientes de las obras y cuando llegue el momento oportuno las dejaremos para iniciar otras. Debemos estar abiertos y ser desprendidos para poder hacer a un lado lo que no nos permite ser asuncionistas, incluyendo las obras.
Dejamos las obras cuando es el momento apropiado, una vez que las hayamos organizado y que marchen sobre ruedas, buscaremos a alguien adecuado para ocuparse de ellas, después las dejaremos andar solas, Dios sabrá si es su voluntad que continúen o que se terminen.
Libertad, apertura, diálogo, conocimiento mutuo, colaboración son rasgos característicos de nuestras comunidades y no se deberán quedar en ideales sino que cada uno deberá encarnarlos en su vida y así los manifestará en sus obras, primero hay que vivirlos para poder transmitirlos.

Una vez leído el número 19 de la Regla de Vida surgieron los siguientes comentarios:
Siempre hemos creído que los enfermos tienen un papel pasivo en la Iglesia, asumimos que nosotros vamos a visitarlos para evangelizarlos, para servirles en lo que podamos. Con este número de la Regla de Vida, nuestra visión cambia, puesto que no necesariamente tiene que ser así, estés como estés, sano o enfermo tu vocación es la misma: la extensión del Reino de Dios en el mundo; debemos servir a los demás activamente según nuestras propias capacidades. Cuando vemos a un hermano enfermo o anciano haciendo algo recibimos un testimonio muy grande de su parte que nos impacta y convence mejor que el de otras personas sanas. Cuando los visitamos viendo su forma de vivir nos hacen crecer. Nuestro compromiso como laicos asuncionistas es precisamente servir a nuestras comunidades estemos sanos o enfermos, nos entregamos a ese servicio. Nos damos cuenta que visitamos enfermos para darles algo de lo que tenemos y sin embargo recibimos en cantidades enormes, recibimos más en comparación a lo que damos. Dios nos retribuye con creces a través de estos hermanos nuestros.
Nuestras comunidades son comunidades de autoevangelización, por ello debemos evangelizarnos unos a otros jóvenes o ancianos, sanos o enfermos, con o sin experiencia; a través de estas acciones nos estamos dando testimonio mutuo que nos hace sentir respaldados. Si no nos evangelizamos en la comunidad, entonces cómo podremos trabajar afuera.
Por su calidad de vida es por lo que se reconocerá a nuestras comunidades, solamente viviendo bien podremos actuar bien. Algunas veces es más fácil trabajar hacia afuera porque podemos aparentar, nos cuidamos más, fingimos y nadie se da cuenta, pero tenemos que equilibrar nuestra vida, sólo así podremos crecer. Es en la comunidad en la que te nutres para poder dar servicio afuera de ella, pero no puedes esperarte a estar completamente nutrido o alimentado para poder salir a trabajar, es un proceso renovable y simultáneo, es intercomunicación de bienes espirituales, es recíproco, hay que dar al mismo tiempo que recibimos, ir dando frutos poco a poco.
Nuestro fundador el padre Emanuel d'Alzon legó a la Asunción dos lemas: Al fundar la congregación le propone el "Venga tu Reino" como símbolo de su actividad y esfuerzo apostólico, y al enfermarse al grado de no poder ni siquiera pensar nos otorga el segundo "Por Amor a Nuestro Señor Jesucristo" que complementa al primero, trabajar para el advenimiento del Reino haciéndolo todo por amor a Jesucristo nuestro Señor. Con estos lemas nos enseña que no se trata de trabajar por trabajar, sino de hacerlo todo inspirado en el amor a Dios que nace en el diálogo personal con él.
Se que necesito muchas cosas para mi vida interior, pero al fin y al cabo el centro de mi vida tiene que ser el AMOR a Dios, si no está entonces lo demás no sirve para nada. Tengo que tener una vida de oración sólo así hay un vínculo real con Dios, y con ese contacto con la divinidad podré actuar.
El mundo de hoy está sumergido en el activismo y nos ha enseñado a rechazar lo pasivo, como pasiva calificamos a la oración pero la realidad es otra puesto que sin ella no hay actividad. Tanto la oración como el apostolado son importantes y debe existir un sano equilibrio entre ambos, lo uno me tiene que llevar a lo otro necesariamente, ambos son vitales y por ende necesarios.
Procedimos con la lectura del número 20 para avanzar con nuestra lectura, y se dijo:
En este número se presenta todo un programa de vida que nos invita a estar disponibles para atender las necesidades del pueblo de Dios, y también para dejar un tipo de actividad que ya no responda a ellas. Debemos hacerlo constantemente. Estaremos abiertos a todo tipo de personas para trabajar mejor con y por ellas. Hay que aceptar y apoyar a los hermanos que ya están realizando alguna actividad de apostolado pero también hay que conscientizarlo de las necesidades actuales de la Iglesia. Hacerlo todo con iniciativa e inventiva. En esta lista se proporcionan (en teoría) las características del laico y religioso asuncionista: luchar, impulsar, promover, empujar, etc.
Es difícil para nosotros aceptar algunas cosas de este número porque tenemos un grave problema de costumbres, la tradición de los mexicanos, su falta de Educación ocaciona que veamos a los curas deificados, así que no podemos hacer nada que el cura no autorice, aunque nos esforcemos tanto como podamos. Creemos que como católicos tenemos muchas obligaciones y muy pocos derechos, no los conocemos por ignorancia, por falta de educación cristiana. Pero la asunción nos propone ejercer esos derechos para ponernos a trabajar por el bienestar de nuestras comunidades, trabajando con o sin los curas pero nunca contra ellos. También tenemos confianza en que las cosas van a cambiar, el cura debe tener deseos de una transformación personal, de una conversión, puesto que debe de saber que uno nunca deja de cambiar, de madurar; y en México les hace falta mucha madurez.

Al leer el Nº 21 de nuestra Regla dijimos lo siguiente:
Anualmente cada comunidad organiza un Capítulo Local en el que se revisa el servicio apostólico prestado por dicha comunidad, se decide el tipo de apostolado a ejercer por sus miembros, se buscan alternativas de trabajo y se toman decisiones concernientes al mismo. El Capítulo anual nos da los objetivos y pasos a seguir para el apostolado durante un tiempo determinado. Regularmente en nuestras reuniones debemos verificar el apostolado confrontándolo con las decisiones tomadas en el Capítulo. Al mismo tiempo deberemos de hacer evaluaciones y revisiones de la vida y el apostolado de la comunidad, solamente así podremos reanimar nuestros esfuerzos por el servicio a los demás, es en las evaluaciones o revisiones donde nos motivamos, revivimos nuestros ideales y retomamos los objetivos acordados en el Capítulo Local Anual.
Hay que luchar de una manera concreta y no divagar en lo que queremos hacer, por ello es necesario trazar líneas generales de acción que nos orienten al realizar nuestro trabajo apostólico; Nuestras actividades pueden ser muy diferentes pero lo importante es que estén impregnadas por el mismo espíritu de la comunidad asuncionista. Para no desviarnos de la preocupación apostólica de nuestra comunidad hay que regresar a ella para cuestionarse por el rumbo que han tomado las obras de cada uno, esto lo conseguiremos si tenemos una vida espiritual bien fundada.
Las obras no son lo más importante de la comunidad, sino el espíritu con que se realizan; pero la comunidad asuncionista debe existir a la par de sus obras, no debemos irnos a los extremos, hay que buscar un equilibrio. Es la comunidad reunida la que orienta a sus miembros y discierne con ellos acerca de los apostolados u obras a realizarse, teniendo en cuenta los objetivos planteados en el Capítulo. El campo de trabajo es tan amplio y variado, que tenemos que planear en tiempos concretos, lo que realmente se quiere hacer. Buscaremos las obras que realmente respondan a las necesidades del pueblo mexicano actual, las grandes causas de Dios y del hombre, y para responder mejor a ello nos plantearemos objetivos concretos, precisos y alcanzables dependiendo de los recursos con los que se cuente y el personal disponible. Si tenemos un servicio apostólico debemos de verificar constantemente si lo estamos realizando de acuerdo a lo que nos hemos propuesto desde el principio. Debe existir una preocupación por llevar a la practica lo planeado en nuestras reuniones referente al apostolado.
Una de las principales características del apostolado asuncionista es la importancia del educar en la fe para formar otros Cristo en las personas a las que estamos sirviendo, esa es parte esencial de nuestra misión y será una orientación para comprometernos con una línea de acción determinada.
La comunidad es más fuerte que mis intereses personales, que mis preferencias y aptitudes, por ello debo someterme a lo que la comunidad crea que es mejor para mí apostólicamente, aunque se tomaran en cuenta mis capacidades, aptitudes, defectos y virtudes para impulsarme a realizar algún servicio en especial. Mis deseos e intereses son importantes pero debo de donarlos a la comunidad para trabajar según sus orientaciones y prioridades. Debe darse una donación de tu persona a la obra de Cristo en un instituto que lo hace de una manera concreta.
Deben existir personas que me llamen la atención cuando me esté saliendo de el espíritu asuncionista apostólico al realizar mi trabajo, así podré corregir mi rumbo. Debemos de obedecer no por un voto, sino que lo haremos por convicción propia, tenemos que someternos a la voluntad, intereses y prioridades de la comunidad. Aunque no debemos fijar las cosas tan dogmáticamente, siempre deberá existir un espíritu de libertad y de apertura al diálogo.
Como laicos existen condicionamientos que nos impiden donarnos de manera plena a la realización de un apostolado, pero lo importante es que podemos comprometernos a la realización de una obra apostólica a la medida de nuestras posibilidades. Con el tiempo podremos concretizar nuestro compromiso a través de una promesa y no de un voto, para crear mayor conciencia de responsabilidad ante las obras apostólicas.

Nº 21 "Verificaremos con regularidad la calidad de nuestro servicio apostólico y estudiaremos las opciones y adaptaciones necesarias. Nuestras preferencias y nuestras aptitudes personales serán tenidas en cuenta; pero confrontadas en todo momento con las orientaciones y prioridades de mi estado de vida como laico y con las llamadas de nuestras comunidades cristianas." Sean la familia, el trabajo, la colonia, la parroquia, la comunidad cristiana, etc.

Con la lectura del Nº 22 nos damos cuenta que el centro y culmen de nuestro apostolado es la relación con Jesucristo a través de la oración. La única manera para poder realizar y llevar a la práctica el capítulo III de nuestra Regla de Vida es con la oración.

Ahora iniciamos la reflexión del capítulo IV de la Regla de Vida, en el que encontramos la vida del religioso asuncionista en los tres votos (consejos evangélicos), por ello es necesario hacer una labor ardua de estudio y adaptación a la vida laical.
Hay mucho trabajo que hacer en el presente capítulo, algunas cosas se cambiarán, otras permanecerán tal y como están escritas y algunas más se adaptarán; por ello, tal vez sea necesario ocupar toda una mañana en la reflexión del número a manera de retiro, hay que ir pensando en la fecha. en esta reunión trataremos de estudiar los tres primeros números del capítulo que hablan en general de los votos religiosos a manera de introducción.
El título del capítulo tendría que cambiar, porque los laicos no estarán obligados a hacer los votos religiosos, pero podrían vivirlos en su vida diaria a manera de promesas o compromisos, de hecho desde el bautismo nos comprometemos a vivir de cierta manera la vida cristiana que alcanza su plenitud en la vida matrimonial, soltera o religiosa. Posiblemente el título sería "Nuestro compromiso laical asuncionista" o "nuestra promesa laical asuncionista".

En el Nº 23 se nos presenta el compromiso radical que tenemos con Cristo como laicos, dicho compromiso es el mismo que el de todo verdadero cristiano realizado en el bautismo. Este compromiso es total puesto que en el bautismo hay una consagración completa de la persona a Dios, desde ese instante nuestro ser le pertenece a Dios.
Para nosotros la vida asuncionista es vivir al máximo ese compromiso adquirido en el bautismo. Una de las formas de mostrar la Radicalidad de nuestro compromiso es afirmar con el apóstol Pablo y con el padre Manuel d'Alzon: "Para mí vivir es Cristo". Esta será nuestra meta, vivir al máximo lo recibido en nuestro bautismo.
Actualmente no se habla mucho de Castidad, Pobreza y Obediencia, debido a una gran variedad de factores culturales, sociales, ideológicos, etc. parece que están pasados de moda y ya no dicen mucho; pero al fin y al cabo son la responsabilidad contraída en el bautismo y debemos de vivirlos. De hecho muchos laicos, solteros o casados, viven estos compromisos todos los días sin saberlo. Pero para hacer más palpable nuestra vida asuncionista tendremos que explicar lo que para nosotros significan estos tres consejos evangélicos, que no son sino características del compromiso cristiano.
¿Qué es la Castidad? ¿Qué es la Pobreza? ¿Qué es la Obediencia? ¿Qué pide el evangelio del laico? ¿Cómo vivirlas en nuestras vidas como cristianos laicos? Son preguntas que no debemos dejar de hacernos porque respondiendo a ellas podremos realmente demostrar nuestro compromiso.
Como hemos dicho, es difícil contestar a las anteriores preguntas y para hacerlo, hay que partir de la base del cristiano: el Bautismo. Cuando nos bautizamos se nos da la Gracia de Dios en plenitud, nos consagramos a Dios integralmente y Él nos consagra a nosotros como Profetas, Sacerdotes y Reyes. Por ello, todos los cristianos tenemos la responsabilidad de vivir y practicar estos tres ministerios de maneras específicas. Es la vocación de cada uno lo que nos ha enseñado a concretizar ese compromiso bautismal, a hacerlo vida de una manera concreta, sea en la vida matrimonial, de soltería, religiosa o sacerdotal.
Es difícil entender esta consagración a Dios, tenemos responsabilidades que no entendemos gracias a que no se nos preparó adecuadamente para recibir el bautismo. A pesar de todo nuestro pueblo tiene fe, con amor se entrega tal y como es a Dios aunque no lo haga tan consciente de su compromiso, su religión está basada en la tradición y la ignorancia pero su fe es verdadera puesto que confía plenamente en Dios. En México tenemos "la fe del carbonero", Dios nos hace creer en fe, esperanza y amor a pesar de que lo desconocemos.
El conocimiento nos da muchísima responsabilidad, puesto que una vez conociendo nuestro compromiso debemos de responder a él. Lo haremos preparándonos para transmitir su palabra al pueblo, y para poder hacerlo, tendremos que aprender nuevos idiomas y hablarle a la gente de una manera que entienda, hay que prepararnos para trabajar en diferentes ambientes y circunstancias.
En el número 24 es necesario explicar en una nota aparte de la redacción lo que entendemos como nuestra consagración bautismal como miembros de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. La vida religiosa y matrimonial no son más que una explicitación del Bautismo.
En este número se nos habla de nuestros derechos y deberes como Consagrados, pues estamos dedicados, ofrecidos, entregados, hechos sagrados por y dedicados a la obra de Dios dentro de la Iglesia y encarnados en el mundo. Nuestra consagración es integral, es donación completa, es ofrecimiento a Dios, es entrega, todo mi ser pertenece a Dios. En la Eucaristía me consagro con Cristo Hostia al Padre en comunión con el Espíritu Santo, así al comulgar me transformo junto con Cristo en un ser nuevo.

Para iniciar nuestra discusión a cerca del capítulo IV de la Regla de Vida, en el que se nos habla de los votos religiosos asuncionistas; decidimos aclarar lo que para nosotros como laicos significan los consejos evangélicos, de acuerdo a lo que habíamos planteado la reunión anterior.

POBREZA: Es acoger con libertad (Prov. 30, 8). no se trata de una condición económica o social sino de una actitud de vida de despojo y abandono. Con ella Jesús nos enseña a ser mansos y humildes como él, nos invita a ser sosegados. Es más el amor al pobre es la expresión del amor que le tenemos a Dios, si amamos a los pobres amamos a Jesús.
Es sencillez, no solo pobreza material; debemos tener lo necesario para compartir, no se trata solo de carecer de bienes, sino de saberlos administrar. Por ello debemos de cuestionarnos todo el tiempo respecto a lo que buscamos siguiendo a Dios, preocuparnos solo por eso puesto que lo demás sale sobrando. Nuestra forma de ser normalmente es poner límites al desprendimiento, nos da miedo estar desposeídos de algo, o de todo. Pero, ¿Hasta qué límite debemos desposeernos, o desprendernos?
El pobre es el que no tiene nada excepto a Dios, aunque tenga bienes el pobre no se apega a ellos, no se apega a lo material, su única riqueza es poseer a Dios. Soy pobre porque tengo a Dios. Como pobre debo ser cuidador de los bienes, administrador de ellos ¿Qué tanto estoy atado a mis bienes.
El dinero es para vivir, pero no se trata de vivir para el dinero; el dinero no se debe convertir en nuestra meta, es solamente un medio y como tal es pasajero. Los bienes materiales son medios y no fines y hay que vivirlos como tales ¿Qué son para tí los bienes materiales? ¿Qué haces con tus bienes? No debes esclavizarte de los bienes puesto que el que más tiene más desea, hay que tener una constante actitud de DESPRENDIMIENTO. ¿Cuánto daño puede hacer el exceso?
Si queremos hacer algo por alguien necesitamos recursos, por ello lo importante es el uso, la intención con que se posean los bienes, la necesidad que se tenga de ellos. Pero ¿Qué pasa con los que no tiene nada y aún así comparten? Los que no tienen recursos y comparten, dan de su pobreza, se donan a sí mismos y eso es lo que Dios quiere de nosotros.
Lo esencial de la persona humana es compartirse a sí mismo, debo darme o donarme a los otros, a Dios mismo, eso es pobreza verdadera; el que nada tiene se comparte sin límites. La pobreza del CONSAGRADO por el Bautismo es la pobreza evangélica y por ello se aplica a la vida laica y no solo a la religiosa. Somos los ANAHUIM, el pequeño resto, los que no tienen nada mas que a Dios. El único fin de su vida es Dios, Dios será siempre primero, segundo, tercero y el dinero es nada.
Hacer a un lado a los ídolos de nuestro tiempo, al dinero y a los bienes materiales, ellos solo provocan esclavitud. ¿Cuál es el lugar de Dios en mi vida? ¿Prefiero la comodidad, la tranquilidad, la satisfacción por encima de Dios?. La pobreza es el desprendimiento total desde las satisfacciones personales espirituales hasta las materiales.

CASTIDAD: Pureza, candor, inocencia, pudor, don y virtud; como ejemplo Tobias. Amar con corazón recto, indiviso y en libertad, es un don adquirido gracias a la oración. Es una forma de vida escogida voluntariamente, un compromiso libre que hacemos con Dios como bautizados. Es una actitud interior, una disposición interna que me lleva a amar a Dios sobre todo.
Los hombres y mujeres castos no somos unos solterones o solteronas, somos seres humanos que queremos amar y amar en plenitud. La castidad me permite ser fecundo, y ser fecundo significa que desde el amor, amo a Dios, por Él y con Él amo a mis hermanos, pues Él me pide amar. Lo haré dándome, aceptando y reconociendo mis debilidades, pidiéndole ayuda a Dios para poder caminar.
La castidad consiste en priorizar al amor, empujarte a amar y dejarte ser amado. Cuidando el amor y buscando el equilibrio o balance encontramos la estabilidad para relacionarnos con nosotros mismos, con nuestra vida, con los demás y con Dios mismo. El amor nos complementa como personas, nos llena, nos libera, nos dispone a amar al otro. Por todo lo anterior debemos hacerlo parte de nuestra vida, debemos hacer ese compromiso de fidelidad nuestro. Amando a Cristo amamos al Padre, pues Cristo es el puente que nos lleva al Padre y luego a los hermanos.

OBEDIENCIA: Libre adhesión al designio de Dios, hacer de nuestra vida un servicio a Dios a través de los demás. es signo y fruto de nuestra fe, es colaborar con Dios. Es una forma de vida que se muestra, refleja o proyecta hacia el exterior. es tomar la voluntad de Dios y hacerla parte del objetivo de nuestra vida, subordinarte a ese compromiso y aceptar las reglas, las consecuencias, los derechos y deberes que con ello recibimos. Es un camino que hay que cursar de lucha, de confrontaciones, de perseverancia, de decisiones, que nos conduce hacia la voluntad del Padre. Obedecer es donarse al otro, abandonarse a su voluntad, en nuestro caso nos abandonaremos a la voluntad de Dios manifestada en las decisiones de la comunidad a la que pertenecemos.

LOS TRES COMPROMISOS BAUTISMALES te hacen pensar qué es lo que tienes que dejar para seguir a Cristo. Consisten en equilibrar el valor humano y espiritual de cada uno de nosotros en Cristo. Es la vida de Dios en nosotros, pero ¿Cómo hacerla crecer? A través de la oración. Hay que dejar de ser nosotros mismos y ser más Cristo, Irme desprendiendo poco a poco de mi yo, donarme a Dios. Cuestionar siempre mi forma de vida. Son medios de santificación personal y comunitaria.

     




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Last update 24-08-2005