EDITORIAL
Por segunda ocasión estamos contigo y nos sentimos agradecidos
por tu amabilidad de leernos. Estamos también agradecidos
y contentos por que algunos laicos de México y de otros
países nos han dedicado algunas líneas con motivo
de este BOLETÍN.
Y es que queremos que sientas este BOLETIN como tuyo, como
nuestro, como de todos los laicos que trabajamos o estamos cercanos
a la Asunción. De hecho, queremos invitarte a que, solo
o con tu grupo, nos hagan alguna aportación para enriquecer
este medio.
Puede ser algún testimonio de su trabajo pastoral, puede
ser la reseña de alguna fiesta o acontecimiento importante
para a la Asunción o algún tema o reflexión
acerca del Espíritu Asuncionista que compartimos o sus
costumbres en los días de fiestas o cualquier comentario
que nos quieran hacer. Todo aporte nos será muy útil.
Como este esfuerzo es Bimestral, si se animan a colaborar con
el número de Febrero o con cualquier otro número,
pónganse en contacto con nosotros a boygo@prodigy.net.mx
o jyrigocen@hotmail.com
para considerar su espacio.
En este número les compartimos ALGUNAS TRADICIONES NAVIDEÑAS
MEXICANAS, antiguas, llenas de significado, de color y de sabor.
Una compañera se puso a reflexionar desde el NUM. 2 DE
LA REGLA DE VIDA DE LOS LAICOS ASUNCIONISTAS y nos ofrece sus
comentarios.
También les compartimos un artículo acerca de
una realidad de nuestra Iglesia Mexicana publicado recientemente
por un periódico nacional y que avisa acerca que PIERDE
INFLUENCIA LA IGLESIA CATOLICA en nuestro país. Y por
último dimos un vistazo al pasado para tratar de entender
¿DE DONDE VIENE LA PARTICIPACION DE LOS LAICOS EN LA
ASUNCION? Y descubrimos que tenemos una razón de ser
muy fuerte en la Asunción y que esto fue por una intuición
de Manuel Dalzón que lo muestra como un visionario del
Siglo XIX con una actualidad sorprendente.
Esperamos que disfruten esto que hemos preparado humildemente,
pero con mucho cariño. HASTA LA PROXIMA.
ALGUNAS TRADICIONES NAVIDEÑAS MEXICANAS.
LA PASTORELA. Entre nuestras tradiciones navideñas está
la pastorela, que tiene su origen en la época colonial
y que fue iniciada como expresión teatral y cultural
a instancias de los evangelizadores, especialmente los Jesuitas,
para cristianizar aprovechando las tradiciones culturales de
la etnia náhuatl.
El meollo de las pastorelas se sitúa en las dificultades
que enfrentan unos pastores para llegar a adorar al Niño
Jesús en Belén. Las contrariedades las tienen
con Lucifer, quien a toda costa quiere impedirles llegar a su
destino y los tienta de muchas maneras a través de los
Siete Pecados Capitales. El Arcángel San Miguel los defiende
y sale victorioso. Todo este escenario, sus personajes y situaciones
están entrelazados con cantos y danzas.
El carácter eminentemente religioso de la pastorela (aunque
siempre ha conservado el tema central que es la adoración
de los pastores al niño nacido en Belén) va cambiando
a medida que sus escenarios salen de los atrios de las iglesias
a lugares públicos como calles y plazas; y en este contexto
fueron cambiando lenguaje, danzas y cánticos que en algunos
casos han sido sensuales, pícaros y hasta soeces.
Los personajes de las pastorelas son los pastores, Lucifer,
el Arcángel San Miguel, los Pecados Capitales, y por
supuesto, San José, La Virgen y el Niño Jesús.
A finales del siglo XVI, la pastorela tiene características
notablemente mexicanas, pues ha recogido para sus representaciones,
las influencias de los diferentes lugares donde se escenifican,
especialmente en regiones de gran influencia jesuítica
como Puebla, Querétaro, Guanajuato y Jalisco.
Como se ha dicho, la pastorela ha tenido transformaciones con
el paso del tiempo y se instituyó como representación
teatral formal a partir de que José Joaquín Fernández
de Lizardi escribió La Noche más Venturosa en
el siglo XIX. Desde entonces este género dramático
se representa en teatros durante la época navideña
con actores profesionales y su tema central sigue siendo el
nacimiento y adoración del Niño Dios.
La trama de la pastorela ha pasado de generación en generación
mediante la tradición oral, y las pastorelas más
famosas son las de Metepéc y Tepotzotlán en el
Estado de México, y en el Altillo en la Ciudad de México.
Éste género se ha afianzado en el gusto del pueblo
y ha servido, en muchos casos, para hacer crítica social
y política.
FLOR DE NOCHEBUENA. Esta flor acompañó siempre
a los antiguos mexicanos según sus cantares. Su nombre
náhuatl es Cuetlaxóchitl, que significa “flor
que se marchita “. Según los estudios de Agustín
Aragón Leiva. Su belleza y colorido de un rojo brillante
cautivó a los conquistadores españoles. Como bien
lo dice Fray Toribio de Benavente “Motolinía”,
adornaban las Iglesias y aun siguen adornándolas, como
los frailes franciscanos decoraban los altares cristianos, así
se siguen adornando en México.
En el S XIX el diplomático norteamericano Joel Poinsett,
la llevó a su país de donde se difundió
a Europa y Sudamérica, en el extranjero se conoce como
Poinsetia, pero, por florecer únicamente en la época
de Navidad, se le asignó el nombre que ahora conocemos.
Esta flor mexicana ha llegado a ser símbolo de la Navidad
en todo el mundo.
NACIMIENTOS Cuenta la tradición que San Francisco de
Asís, estando cerca de Rieti, Italia, el invierno de
1223, le sorprendió la Navidad en la ermita de Greccio,
haciendo representar en vivo, con personas caracterizadas, el
misterio del nacimiento de Jesús. Pronto se extendió
a todo el mundo cristiano. De los seres vivos se pasó
a figuras de barro, probablemente elaboradas, y montadas en
Nápoles a finales del S. XV. Del nacimiento más
antiguo se conservan algunas piezas en la Basílica de
Santa María la Mayor y es obra de Arnulfo de Cambio.
Posteriormente los franciscanos introdujeron esta costumbre
a la Nueva España en el siglo
XVI siendo en el templo de San Agustín de Acolman en
el Estado de México, donde se colocó el primer
nacimiento. También se hacían mediante representaciones
plásticas en grandes retablos de las iglesias y en los
frescos de los monasterios. Uno de estos se encuentra en el
Ex convento de San miguel Arcángel, en Huejotzingo, Pue.
Y otro en el de San Bernandino en Xochimilco, D.F.
A principios del siglo XVIII aparecieron los “Belenes”
o “Misterios” de artesanía de la Nueva España
realizados en madera y cera. Estos a diferencia de los nacimientos
no incluyen más que a San José, la Virgen y el
Niño.
En México la costumbre es que el Niño no sea colocado
en el nacimiento sino hasta la media noche del 24 de diciembre
después de arrullarlo toda la familia reunida. El Niño
se levanta del nacimiento el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria
y un padrino lo viste y lo lleva a bendecir a la parroquia.
El nacimiento se pone al pie del Árbol de Navidad, costumbre
tomada de la cultura occidental sajona.
Conchita Pagés y Beatriz Elguezabal de Urcola.
NUM. 2 DE LA REGLA DE VIDA DE LOS LAICOS ASUNCIONISTAS.
“Jesucristo es el centro de nuestra vida. Nos comprometemos
a seguirle en la fe, la esperanza y la caridad. Como El testigos
del amor del Padre y solidario con los hombres, los Laicos Asuncionistas
queremos ser hombres y mujeres de nuestro tiempo”.
El P. d’Alzón nos pide que debemos estudiar todo
lo que hay que aprender sobre Jesús y comunicarlo a los
demás.
Nos consideramos cristocéntricos, toda nuestra vida gira
alrededor de El.
La fe, la esperanza y la caridad son el don de Dios que fortalece
el espíritu y nos impulsa a trabajar por amor a nuestro
Señor Jesucristo a favor del advenimiento del Reino de
Dios en nosotros y nuestro derredor (R.V.1). Conocer a Cristo
nos eleva al Padre, la divinidad del Padre nos es mostrada por
la humanidad de Cristo; el mundo nuevo revelado en Cristo es el
Reino de Dios, (venga tu Reino es precisamente el lema asuncionista).
La fe nos descubre por Jesús verdades que la razón
sola no puede alcanzar, La esperanza es la virtud por la que tenemos
firme confianza en los méritos de Jesús, absoluta
confianza en Nuestro Señor ante todos los contratiempos,
las gracias que El adquirió para nosotros en la Cruz, son
para nosotros el tesoro aquí en la tierra como Dios lo
será en el cielo. El amor se relaciona con el Espíritu
Santo porque su objeto es Dios que es amor, esto significa que
debemos pedir constantemente al Espíritu Santo que es amor
que nos una con indisoluble vínculo a Dios y a Jesucristo
(E.S).
Cristo nos reúne, debemos estar atentos a las necesidades
del tiempo que estamos viviendo. El tiempo presente nos cuestiona,
el mundo moral se desmorona, anunciar y denunciar es nuestro compromiso
debemos ser hombres y mujeres de nuestro tiempo, aquí y
ahora. Se necesita una evangelización catequética
que de profundidad a la fe , ayudar al laico a experimentar el
amor de Jesús y formar laicos comprometidos que quieran
construir comunidad, teniendo a Cristo como cabeza, esto es Iglesia.
Ana Luz Carrión.
PIERDE INFLUENCIA LA IGLESIA CATÓLICA.
El aumento en el número de nuevos movimientos religiosos
en México es, sin duda, una sería advertencia para
el futuro del catolicismo, aun cuando esta pérdida de adeptos
no se ve reflejada en el poder político que todavía
mantienen los obispos, quienes en los últimos años
han logrado ocupar y mantener espacios públicos.
Especialistas en religión consideran que actualmente la
jerarquía católica tiene que cuestionar su labor
de los últimos 50 años, en los que se han incrementado
los seguidores de otros movimientos religiosos, y reconocer la
responsabilidad de no haber logrado actuar al ritmo de los tiempos,
para responder a las necesidades de sus fieles.
A mediados del siglo pasado, los católicos en el país
representaba el 99 por ciento de la población; actualmente,
según el censo de 2000, representan casi el 88 por ciento,
por lo que se requiere que la Iglesia católica reaccione
y se coloque en un escenario de creciente competencia frente a
otras opciones.
Para el investigador del Colegio de México, Roberto Blancarte,
la pérdida de creyentes se debe a que éstos no consideran
que los obispos representan sus intereses e incluso llegan a estar
en desacuerdo con ellos, porque asumen posturas autoritarias en
temas como el uso de anticonceptivos.
La jerarquía católica ha perdido su capacidad de
influir sobre la conciencia de los católicos, puntualizó,
aunque mantengan una presencia pública y se les invite
a actos oficiales.
Elio Masferrer, de la Escuela Nacional de Antropología
e Historia, considera que el fenómeno de cambio de religión
se da porque la Iglesia católica no ha logrado cubrir las
expectativas de una nueva forma de piedad popular que dé
una respuesta a sus problemas, y se alojan en otras opciones,
algunas más triviales, pero en “éstas sienten
que sí los escuchan al tener liderazgos cara a cara y no
recibir imposiciones de nuevos ministros de culto, como sucede
con la Iglesia católica”.
Dijo que los obispos han utilizado una estrategia equivocada al
pretender que sólo por ocupar espacios en la televisión
o en los periódicos, regularmente cada semana, van a mantener
a su feligresía, “pero esto no les ha funcionado,
porque carecen de una trabajo pastoral cercano a la gente”.
La movilidad de los fieles es impresionante porque buscan espacios
de piedad popular y mientras los jerarcas católicos se
encuentran satisfechos sólo con hacer llamadas para asistir
a peregrinaciones, “lo que ya pasó a la historia”,
los nuevos movimientos los acompañan en su comunidad y
conviven con ellos.
El investigador Bernardo Barranco señala que no sólo
actúan en los círculos del poder. También
tienen presencia a través del bajo clero (sacerdotes, religiosos)
en programas sociales y una participación activa en organizaciones
no gubernamentales.
Además, cuentan con grupos de presión, identificados
generalmente sólo con el ala conservadora de la jerarquía,
como es Pro Vida.
Víctor Ramos, académico de la Universidad de Guadalajara,
manifiesta que la jerarquía católica ha logrado
mantener su poder de influencia sólo en algunos sectores,
porque en otros se les han marcado límites a sus pretensiones.
Por ejemplo, en materia educativa han crecido las escuelas confesionales,
y aparecen las universidades católicas. Actualmente se
tiene una en Culiacán y en un futuro próximo otra
será la Universidad del Valle de Temajac, en Jalisco.
En este sentido, la Secretaría de Gobernación establece
que en México se acabó con la época de la
simulación en lo que se refiere a la vida pública
de las iglesias y asociaciones religiosas.
Armando Salinas Torre, subsecretario de Población, Migración
y Asuntos Religiosos, asegura que actualmente hay una normatividad
que garantiza la libertad de creencia y culto, lo que ha permitido
a los grupos religiosos “salir de la oscuridad” y
convertirse en parte importante de la vida cotidiana de los ciudadanos.
“Hace 12 años formalmente no existía la Iglesia,
había una simulación en todos sentidos, el espíritu
que ha permeado en este aprendizaje, para todos, para los mexicanos,
para los gobiernos y para las iglesias es que aquello que no estaba
a la luz pública hoy se hace público”.
Publicado en www.milenio.com el Domingo 12 de Septiembre de 2004.
¿DE DONDE VIENE LA PARTICIPACIÓN
DE LOS LAICOS EN LA ASUNCIÓN?
El mundo ha cambiado vertiginosamente en los últimos años.
Sabemos que han modificado en mucho a la sociedad y lo vivimos
en nuestros hogares, trabajos, escuelas, etc.
Ante estos cambios requerimos respuestas como Iglesia. Pero no
sólo respuestas que nos remitan a los significados anteriores
para quitarnos el susto del cambio, y aún menos soluciones
que nos digan que debemos vivir como siempre, sino que nos ayuden
a enfrentar los problemas de nuestra época. Requerimos
ser hombres de nuestro tiempo.
La Asunción entiende ser “Hombres
de Nuestro Tiempo” como una característica propia
amén de cómo un mandato. Busca ofrecer a la sociedad
maneras de vivir, de ser, de hacer, que construyan nuevas realidades
en las relaciones de los hombres con su ámbito en vistas
del Advenimiento del Reino. Esto es parte del carisma que tienen
los Agustinos de la Asunción. Nosotros los laicos también
tenemos, por supuesto, esta orientación, y no cómo
una respuesta pronta a esta realidad conflictiva, sino desde el
pensamiento mismo de Manuel Dalzón en el siglo XIX.
En los tiempos de la fundación Dalzón
ya contaba con compartir el carisma con los laicos y sin cambiar
su naturaleza y estilo, desde su estado de vida.
“Los asociados se distribuyen en dos clases:
los que viven casa y los que están fuera e incluso están
casados. Unos y otros deben Impregnarse cuanto sea posible del
espíritu de la vida religiosa. Deben considerarse como
religiosos, no por su indumentaria ó por sus costumbres;
no por ciertas prácticas más o menos a aceptables
por todo; sino por sus virtudes.”
(Regla de la Asociación e los Maestros
del Colegio de Nimes,
27 de diciembre de 1845, E.S. p. 1284).
Dalzón tampoco entendía esta actuación
no sólo como una oportunidad de formar laicos con el fin
de que puedan comprender mejor su fe, sino como elementos participantes
de lleno en la misión apostólica.
“¿Cómo combatir tan grandes
males? ¿No les parece que una Tercera Orden o cualquier
otra asociación, llámenla como les guste, sería
de una inmensa utilidad, si agrupas en ella a hombres inteligentes
y si, a través de ellos, preparan grupos de formación,
universidades católicas, el núcleo de todas las
obras obreras de las que es preciso ocuparse?”
3ª Circular previa al Capitulo general de
1872)
Dalzón fue realmente un visionario, y
la actualidad de su pensamiento la corroboramos hoy en nuestra
vida diaria, en nuestro trabajo pastoral, en nuestras familias,
trabajos, escuelas y en todo el orden social. La Iglesia nos ofrece
ahora el mismo concepto de participación y responsabilidad
en la evangelización.
“Los Laicos han de cumplir su propio cometido,
guiándose por el espíritu evangélico, de
modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la
santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo
a los demás, brillando ante todo, con el testimonio de
su vida”
(Lumen Gentium n° 3)
En los últimos años los Agustinos
de la Asunción han querido dar vigencia a este pensamiento
en sus comunidades y en sus obras. Se descubre la permanencia
de esta intuición en la congregación.
“En varios casos, la colaboración
en las obras es ya participación en pie de igualdad: laicos
que obran en relación estrecha con la Asunción reconociendo
su proyecto apostólico y compartiendo su espíritu”
Capitulo General 1993
Y entonces se compromete a incitar y extender
esta participación dándose en el Capitulo General
de 1999 la orden de trabajar 6 años para pronunciar en
el siguiente capitulo un esquema nuevo, propio y actual para integrar
más plenamente a los laicos.
Rafael Martínez Guizar.
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