Nuestra Espiritualidad

La comunidad asuncionista existe para el advenimiento del Reino en nosotros y a nuestro alrededor, esta es nuestra principal tarea.

Pero no podemos extender el Reino si no somos capaces de experimentar en nuestras vidas la posibilidad de encarnarlo.

Nadie puede ser testigo de algo que no ha visto, ni oído; por lo que nosotros tratamos de predicar lo que hemos vivido, experimentado.

Somos testigos de Dios, hombres de fe y de nuestro tiempo.

Para ser coherentes con ese testimonio es necesario tener una relación con Dios profunda, constante y permanente.

El P. d'Alzon siempre pensó que era necesaria la defensa de los Derechos de Dios, pues le fueron arrebatados con el triunfo de la Revolución Francesa: Los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, han llevado a los hombres incluso a negar la existencia de Dios, así que es necesario preocuparse por la defensa de sus derechos, que ya no son respetados.

El principal de todos estos derechos es el derecho de ser adorado: es necesario que reconozcamos a Dios como soberano de la Creación, como único Señor, es justo que se le acepte como autor del Universo, como rey de todo lo creado.

La idea del Reino, del Reinado o del Reinar de Dios, aparece así como nuestra principal preocupación. De ahí que el objetivo de nuestro fundador fuera: “Trabajar por el advenimiento del Reino de Dios y por la defensa de los derechos de Dios”, prioridad que heredará a sus religiosos.

El padre d’Alzon siempre vivió insertado en su tiempo y espacio, la Francia del siglo XIX, y por lo mismo tuvo que dar ejemplo de lo que proponía. Su vida fue coherente con los ideales que lo movieron a ser sacerdote, a fundar dos familias religiosas y a defender los derechos de Dios proclamando el advenimiento de su Reino.

Predicando, enseñando, catequisando, trabajando en obras sociales, orando, negociando con las autoridades civiles, fundando familias religiosas, misionando, escribiendo, entre muchas otras obras apostólicas, se le puede ver como un hombre de fe firme y consciente, que vivió su tiempo de manera radical, luchando en contra de las ideas que atentaban contra la dignidad de Dios y de su Iglesia. Por eso podemos decir que fue un Hombre de Fe y de su Tiempo.

Para d'Alzon, "El espíritu de la Asunción se resume en estas pocas palabras: El amor a Nuestro Señor, a la Santísima Virgen, su Madre, y a la Iglesia, su Esposa". Amamos a Jesucristo y todo lo que Él amó, a María su Madre y a la Iglesia su Esposa.

No somos una congregación de devoción mariana, sino Cristocéntrica, no vamos a Jesús por María, sino que por Jesús amamos a María. También por Jesús amamos a la Iglesia.

En este amor a Jesucristo, amamos de manera especial su humanidad y su divinidad. Su divinidad adorándolo como Dios, adorando a la Trinidad de la que es miembro.

Amamos a su Padre y al Espíritu Santo, porque juntos son un solo Dios indivisible y único. Por eso podemos decir que somos Trinitarios.

El amor a Jesucristo conlleva: La adoración a la Santísima Trinidad, con la que forma una misma sustancia, en cuanto Dios. El ejercicio habitual de la presencia de Dios. El estudio de la santa humanidad de Nuestro Señor, cuyo espíritu tengo que procurar apropiarme. El culto al Santísimo Sacramento del altar, en el que reside perpetuamente como verdadero Dios y verdadero hombre.

Las virtudes teologales son el eje y centro de la vida cristiana católica. Son una manera concreta del reinado de Dios en nosotros, son el medio por el cual Dios reine en cada uno de nosotros, son los regalos que Dios te da para prepararte a su reinado en uno mismo. Dios es Dios en mí gracias a las virtudes teologales.

El lenguaje con que nos habla el padre d' Alzon acerca de las virtudes es un poco áspero. Nuestra vida religiosa no debe centrarse en los votos sino en las virtudes. Debemos leer desde nuestra época y cultura estos escritos, hay que ver desde otro punto de vista las virtudes sin quitarles el sabor impreso por los padres fundadores.

El padre d' Alzon fue un hombre práctico puesto que las cosas que parecían tan elevadas o las más infladas, las baja a la vida cotidiana haciéndolas muy concretas. Su exposición de la razón de ser de los asuncionistas hecha en el capítulo primero de las Constituciones de 1865, son una muestra de ello, puesto que todo él es un desarrollo lógico y práctico de las características del asuncionista. Nuestro deber es reinterpretar la práctica de las virtudes, puesto que la teoría sigue siendo la misma y las circunstancias históricas y culturales han cambiado. Hay que hacer un esfuerzo por traducirlas a nuestro lenguaje. Ya no debemos parecer zopilotes extriñidos que planean y planean... pero no obran.

Lo más importante es la unidad entre las tres virtudes presente en la visión d'alzoniana, pero hay que hacer una relectura de ellas desde su teología y contexto histórico para no caer en contradicciones al aplicarlas a nuestro presente.

Se nos presenta la manera de ir a lo esencial y no quedarse en la superficie; ir al centro y a partir de ahí se desprenderá todo; qué más queremos si ya tenemos lo esencial, "Busca primero el Reino de Dios..." Se nos muestra un modo de orar para que al hacer nuestras meditaciones u oraciones personales retomemos las virtudes y nos preguntemos a la manera del Directorio ¿Cómo las estoy viviendo yo? ¿Qué es lo que creo? ¿En quién creo? ¿Qué espero? ¿A quién espero? ¿Dónde está mi confianza? ¿Qué es lo que amo? ¿A quién amo y cómo lo hago? ¿Cómo puedo demostrar mi vida teologal?

Se trata de recibir y conservar una sola virtud vivida en tres niveles, de vivir la gracia de Dios en Fe, Esperanza y Caridad o Amor, ya la tenemos ahora hay que ponerla en práctica, hacerla concreta a través de las obras.

Este es el eje central del asuncionista que lo distingue de otras comunidades, las virtudes teologales vividas en los votos y en las obras. Y este también es el perfil del asuncionista: el que cree, el que espera y el que ama, pero de maneras concretas y visibles. " Muéstrame tu fe sin obras..."

Una característica más de nuestra Espiritualidad es la Centralidad del Reino en nuestra vida: "Tomamos por lema estas palabras del Padre nuestro: ADVENIAT REGNUM TUUM. Y las del Oficio Divino: PROPTER AMOREM DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI. El advenimiento del Reino de Cristo en nosotros y en el prójimo. He aquí lo que nos proponemos ante todo".

Construiré el Reino primero en mí, para que así viva mi misión: la construcción del Reino de Dios a nuestro alrededor, porque solamente instaurando el Reino en mí podré compartirlo a los demás. Tengo que trabajar en mí las virtudes, ejercitándolas, para que el Reino venga sobre mí y al mismo tiempo en el prójimo.

Nuestra congregación está dedicada al servicio de las grandes causas de Dios y del hombre. Se caracteriza por el amor a la Iglesia y la fidelidad al Santo Padre. Trabaja en un ministerio doctrinal, social y ecuménico en 27 países. Vive una vida comunitaria de oración y servicio según el espíritu de nuestro fundador y la regla de San Agustín. Somos hombres y mujeres de fe en el corazón de nuestro tiempo.

“Los Asuncionistas somos religiosos que vivimos en comunidad apostólica. Fieles a nuestro fundador, el padre Manuel d’Alzon, nos proponemos, ante todo, trabajar, por amor a Cristo, a favor del advenimiento del Reino de Dios en nosotros y alrededor nuestro”.

Toda nuestra vida, bajo la acción del Espíritu, se transforma en encuentro con Dios, gracias a la fidelidad al Evangelio que debemos tener en nuestras opciones de apostolado, en el trabajo diario, en la apertura a los demás y en la disponibilidad ante cualquier imprevisto.

Así que Dios nos habla a través de los acontecimientos de la vida cotidiana, solamente hace falta abrir bien los oídos para escuchar su voz que nos dice lo que quiere de nosotros, y que mejor medio para escucharlo, que el de su misma Palabra escrita en la Biblia.

La comunión del Cuerpo de Cristo nos apremia a vivir en el amor fraterno y a servir a la unidad de los hombres”. Así que agradeciendo el amor que Dios nos tiene por concedernos la vida y la existencia, queriendo vivir el amor fraterno y el servicio a la unidad de los hombres, nos acercamos a recibir su Cuerpo y su Sangre con mucha alegría y entusiasmo, Dios nos llama a experimentar esto en nuestras vidas

   

SAN AGUSTÍN

D'Alzon retoma a San Agustín porque considera a sus religiosos herederos del espíritu de San Agustín, ellos buscarán vivir unánimes con una sola alma y un solo corazón, viviendo bajo una única regla. Los asuncionistas deben de amar la soledad y el desierto como lugares donde Dios manifiesta su voluntad pero al mismo tiempo tendrán una gran pasión por la vida comunitaria fraterna en la que todos comparten su responsabilidad y se ayudan mutuamente para cubrir sus necesidades, esto es eco de la primera comunidad cristiana y de las comunidades fundadas por nuestro Padre Agustín.

San Agustín vivió durante los siglos VI-VII d. C. pero su pensamiento y espiritualidad siguen vigentes, de manera especial lo referente a la vida fraterna y la gracia de Dios.

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Last update 14-05-2008